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martes, 1 de noviembre de 2011

VIAJE A BÉLGICA. Del 28 de octubre al 1 de noviembre de 2011

VIAJEROS: Inma y Felo y Vicente y Gemma.
DÍAS: Del 28 de octubre al 1 de noviembre al 12 de octubre
TRANSPORTE: Salida    Ryanair        28/10/11 a las 18:20 h. Llegada al aeropuerto de Charleroi a las 20:40h
                        Regreso  Jetairfly     01/11/11 a las  06:45. Llegada al aeropuerto del EL ALTET a las 09:25h
   

   


PREPARATIVOS y DIARIO DE VIAJE
 


Este año toca Bélgica. Sí, el país del chocolate, los gofres, las cervezas, y sus ciudades de cuento. Durante el largo puente de todos los santos visitaremos, además de su capital Bruselas, las ciudades flamencas de Gante y Brujas (y alguna más si nos diera tiempo), utilizando sus fenomenal red de transportes públicos que en menos de una hora te puede desplazar desde la capital a cualquier otra ciudad de relevancia. 

Para movernos en tren 4 personas, utilizaremos el bono rail-pass (75€) de 10 viajes, y algún ticket normal en caso de necesitar alguno más.  En las 10 líneas en blanco del bono, deberemos  indicar el recorrido de cada uno los viajeros (al ser cuatro, deberemos rellenar 4 líneas), y enseñarlo al revisor llegado el caso. Para utilizar el metro, bus o tranvía en Bruselas, lo recomendado sería la carte groupe, que son viajes ilimitados para cuatro personas -en este caso- durante un día al módico precio de unos 10€.
 
 Aeropuerto de Charleroi

Desde el aeropuerto de Charleroi, media hora después de la llegada de cada vuelo, en nuestro caso Ryanair, un autobús nos trasladará en poco más de una hora a la Estación Gare du Midi en Bruselas. Los tickets (13€/22€ ida/vuelta) los sacaremos en uno de los mostradores o kioskos que nos encontraremos nada más salir del aeropuerto (mirando a la derecha), frente al parking de los buses. En Midi deberemos coger un metro en dirección a la estación Gare du Nord y bajarnos en las paraas de Anneessens o Bourse, líneas 3/dirección Esplanade (verde) ó 4 (rosa) en dirección Gare du Nord.
 
   
Info Bruselas   http://www.enbruselas.com/
    Completas guías turísticas de Bruselas
 http://www.guiadebruselas.es/transportes/
 http://www.bruselas.net/

Para trasladarnos el martes 1 de noviembre de Bruselas al aeropuerto de Bruselas (BRU/Zaventem) que está a unos 12 kilómotros, podremos coger -45 minutos- los autobuses de las compañías DE LIJN o MIVB/STIB, que parten desde las principales estaciones de la ciudad o uno de los trenes -4.5€- que, pasando por las tres principales estaciones de Bruselas, se dirigen también al aeropuerto. También el traslado en taxi 35-45€/20-25 min. sería una buena opción.
Páginas WEBCAM:   GRAND PLACE
                       Brujas plaza del Mercado
                       123 Webcams Bélgica
                           
El hotel Bedford está situado en la Rue Du Midi 135. Un 4* con desayuno incluido en el corazón de la capital europea, que seguro cumplirá nuestras espectativas, y más, al haberla conseguido en oferta y a muy buen precio. Céntrico, a pocos metros de los lugares más emblemáticos y sobre todo, cercano a la estación Gare du Midi, a la cual llegaremos del aeropuerto de Charleroi el viernes 28 sobre las 21 horas. Igualmente, desde esta céntrica estación cogeremos los oportunos trenes que nos tendrán que llevar a Brujas, Gante o cualquier otra ciudad que tengamos pensado visitar.

DIARIO DE VIAJE


DÍA 1. Viernes 28 de octubre

     Facturamos una sola maleta por pareja sobre las 17:30 horas, pasamos el control de policía y accedimos por fin a la zona de embarque del nuevo aeropuerto de Alicante, el 5º de España y uno de los mejores de Europa.

   
Nos vamoooooooooooooooooooossss

El vuelo de Ryanair estaba previsto para las 18:45, pero salió con media hora de retraso, algo inusual en esta compañía. Finalmente, a las 19:20 despegó el avión y llegamos al aeropuerto de Charleroi a las 21:30. Mientras Vicente y yo nos encargamos de recoger las maletas, Inma y Gema salieron al exterior, justo a la salida a la derecha, a sacar en una maquina expendedora los tickets de autobús que salían (cada media hora) hacia Bruselas. Estas máquinas, y hasta una taquilla de venta, están situadas a la derecha de la salida de la terminal, y para llegar a ellas sólo hay que seguir la línea azul que hay en el suelo.
La Grand Place
  
La Grand Place. Una de las plazas más bonitas del mundo

El autobús lo cogimos frente a las mencionadas taquillas, y en una hora y diez minutos nos dejó en la Estación MIDI. No serían más de las once y media de la noche, cuando cogimos en la propia estación la línea 3 de metro que nos debería dejar en la parada Annessenns, muy cerca de nuestro hotel, pero los designios del momento nos hicieron que tomáramos el camino equivocado a la salida del metro, y camináramos en dirección contraria una media hora, hasta que al fin encontramos el camino y dimos con nuestro ansiado hotel.

Panorámica de la Grand Place
El hermano de Vicente, Sergi, estaba esperándonos en la puerta. Como está viviendo y trabajando en la capital europea, nos acompañó durante los días que allí estuvimos, orientándonos, llevándonos a buenos restaurantes, de los que van los bruselenses, y mostrándonos lugares desconocidos de la ciudad.
No serían más de las doce y algo cuando tras dejar las maletas en la habitación, nos dirigimos a cenar a una calle a espaldas de la Grand Place, que se ha especializado en comida griega. Pitas, giros y durums, nos sirivieron de cena esa primera noche, además de tener también nuestro primer contacto con el mundo de  la cerveza belga: la Jupiler, de las suavecitas y parecidas a las españolas.
       
Grand Place
Tras el último sorbo de cerveza nos dirigimos a la Grand Place, o Grote Mark, considerada como una de las mejores plazas mayores del mundo. Y ya lo creo. Iluminada con tenue luz, los edificios de estilo barroco de brabante, conformaba un conjunto arquitectónico sin igual, con edificios gremiales de los siglos XV en adelante muy bien conservados. La plaza estaba llena de gente, de muchos españoles, pero también de cientos de jóvenes sentados en el suelo en agradable tertulia y botellón, que quizá restaban encanto a la plaza. Cervecerías, chocolaterías y restaurantes poblaban los bajos de la plaza, además de abundar en las calles colindantes como bien comprobaríamos esa misma noche, porque Sergi nos llevó a una de las cervecerías más famosas, la Delirium Café, de la cervecera Delirium Tremens, con una carta de más de 2000 cervezas. 

En el Delirium, tomándonos unas cervecitas.

Al final del la calle Impasse de la Fidelité, la misma que albergala versión femenina del Maneken Pis, la Janneken Pis, encontramos una de las mejores y más grandes cervecerías de Bruselas. En madera y forradas las paredes y techos de manteles, bandejas y cualquier cosa relacionada con el mundo de la cerveza, siempre está llena de gente dispuesta a degustar alguna de las decenas de cervezas que contiene su carta. Curioso resulta para el neófito, al menos la primera vez, contemplar como solamente se bebe cerveza de todo tipo, color, sabor y graduación, relegando el consumo del vino o el resto de alcohol a la mínima expresión. Probamos una "delirium nocturnum" oscura, negra, de alta graducación, que finalmente se quedó en el vaso, y otra "blonde", rubia, también de 8 ó 9 grados pero que nos gustó más. 
  
La típica foto, con Maneken Pis, cerca de la Grand Place

Eran las 3 de la mañana y habíamos tenido un día ajetreador, por lo que decidimos descansar unas horas para volvernos a ver a las 9 en el desayuno. Sin embargo, nuestra sorpresa, al menos la mía, fue al encontrarnos unas camas, unos somieres que parecían de goma, muy blandos, de esos que te hundes literamente, y además,  con unos cojines muy altos, que hacían imposible conciliar el sueño apoyados en ellos. Por lo demás, y como seguramente más adelante también se leerá, no tuvimos queja alguna del hotel, que situado en pleno corazón de Bruselas, nos sirvió de perfecta plataforma para conocer este país co-fundador de la UE.

DÍA 2. Sábado 29 de octubre

El desayuno del hotel no estaba mal, compuesto por fiambre de varios tipos, quesos, huevos revueltos y bacon, croasanes y hojaldres con crema, muy ricos. El café, la leche y los zumos también eran aceptables. Recargábamos pilas tranquilamente, sin las prisas y el stress de nuestra vida cotidiana, para salir no muy tarde del hotel y aprovechar al máximo los días. De hecho, a partir del día siguiente quedaríamos a las 8 de la mañana; una costumbre que ya venimos arrastrando en todos los viajes.
    Este día lo dedicaríamos por completo a la capital de la Unión Europea. Comenzamos por contemplar y admirar nuevamente la Grand Place por el día, aprovechando que nos hizo buen tiempo, sin lluvia y apenas frío, por más que el sol apenas lo viéramos, aunque no nos importara, mas siendo de Alicante. Recorrimos las calles adyacentes, por algunas de las cuales deambulamos la noche anterior en compañía de Sergi.  

Palacio Real

Recorrimos la calle que nos llevaba al Manneken repleta de tiendas de souvenirs, pero sobre todo de chocolates: Neuhaus, Godiva, Leónidas y otras tantas marcas que siempre estaban repletas de gente comprando y probando, pues a parte de comprar unas cajitas para la vuelta (las compramos el último día), era una gozada entrar en Godiva y comprar unos bombones sueltos para saborear mientras recorríamos la ciudad. Continuamos hasta la catedral de Bruselas, dedicada a San Miguel y Santa Gúdula.


San Miguel y Santa Gúdula
De estilo gótico brabante, se comenzó a construir en el siglo XIII, y como muchos templos de la ciudad, estaba en muy buen estado, limpia, y además, no se pagaba entrada. En su interior pudimos admirar sus extraordinarias vidrieras, un púlpito de talla completa que era una preciosidad, e infinidad de capillas con hermosos cuadros y esculturas.

Grand Place
 Esa mañana también recorrimos el Parc de Bruselas, repleto de árboles de colores ocres, rojizos y amarillos tan típicos del otoño, hasta desembocar en el Palacio Real de Bruselas, la residencia de los reyes de los belgas.Seguimos por Regentshapsstraat hasta el barrio exclusivo de Sablon, donde también entramos en la iglesia de Nuestra Señora de Sablon y recorrimos el mercadillo de antiguedades instalado al aire libre el la plaza que hay en un lateral. Frente a la iglesia, descansamos en un parque romántico erigido en honor a quienes osaron levantarse ante la dominación española, perdiendo la cabeza finalmente por su actuación de defensa de su patria, la place du petit Sablon. Al final de la calle encontramos el Palacio de Justicia, forrado de andamios, pero convertido en uno de los edificios más grandes del mundo. Frente al edificio, encontramos el monumento en honor a la gloria de la infantería belga, y lo más curioso: la clara separación entre la ciudad alta y la baja, que pudimos salvar bajando por un ascensor público.


Era el primer día, y como hacemos siempre, lo dedicamos en exclusiva a ver la ciudad que nos acoge, pero ya estábamos algo cansados y necesitábamos un buen descanso en una cervecería belga y empezar a catar sus magníficas cervezas. Atravesando el barrio de Sablon con otra buena y larga caminada, llegamos nuevamente al Manneken Pis, abarrotado como siempre de gente, y decidimos entrar en una cervezería de nombre impronunciable, pero que resultó ser maravillosa, la Poechenlellekelder. Poechenlellekelder (situación google maps).  De estilo antiguo, con muebles y utensilios de otros tiempos, está repleta de cuadros antiguos, adornos de temática cervezera y de ¡marionetas! Sí, efectivamente, esta cervecería se convierte en ocasiones en un bohemio teatro de títeres con escenario incluido que sirve de decorativa pared en el salón del sótano, en el que precisamente nos acomodamos para desgustar el dorado líquido belga. 

Maneken Pis
Como sabíamos que en Bruselas suelen acompañar a las cervezas de quesos, no tardamos en pedir un plato con 5 variedades de quesos, de pasta blanda, dura, fuertes y de intenso sabor y olor, que acopañamos con Orval y Trapista de Abadía, de alta graduación e intenso sabor; Jupiler, una de las más bebidas y de sabor suave, como las españolas; hoargarden, la típica blanche de bruselas, que resultan ser algo afrutadas y de media graduación. Rodeados de una decoración sugestiva, algo bohemia y de luz ténue, ingerimos un par de cervezas por cabeza antes de dirigirnos nuevamente a la Grand Place para inmortalizarla de nuevo en nuestras máquinas de fotos, pero teníamos que comer. 

La Rue des Bouchers es una de las calles que hay junto a la Grand Place, que está repleta de restaurantes que ofrecen menús interesantes a los turistas. Por no más de 15-18€ se puede encontrar un buen menú de 2 platos y bebida, sin embargo, lo que andábamos buscando era el plato típico de bruselas: los moules et frites, es decir, los mejillones con patatas fritas. No había restaurante que no ofreciera en su carta esta insólito plato de pequeños mejillones hervidos con perejil, ajo y apio, que le da el sabor final. Finalmente nos decatamos por el más famoso, por el que según cuentan hacían los mejores mejillones con patatas, el Chéz Leon.  Como acabábamos de tomarnos los quesos con las cervezas, estimamos conveniente pedir solamente dos raciones de mejillones, pero para nuestra sorpresa, el camarero que nos atendió nos dijo que eso no podía ser, porque si éramos cuatro personas deberíamos pedir cuatro platos. En fin, qué más puedo decir... que nos hubiéramos ido a otro sitio y que incluso hubiéramos pedido el libro de reclamaciones, pero estábamos de viaje, de vacaciones, descansando.
Comida en Chez Leon
Pedimos la denominada Formule Léon, que por 14.90€ ofrecía 1/2kg de mejillones, patatas y una cerveza Maes, pero para cada uno. Nos los comimos, la verdad, pues no hinchan mucho, en un local cargado de historia, ya que están sirviendo comidas desde 1893. Las patatas tenían un sabor característico, algo fuerte. Se fríen dos veces para estar crujientes, pero lo que les da el sabor peculiar es la grasa de ternera donde se fríen, en lugar del tradicional aceite o la gustosa mantequilla. Mención aparte merecen las patatas, que se encuentran en infinidad de carritos, locales y puestos ambulantes a lo largo y ancho de la ciudad. Por 2 ó 3 euros, se ofrecen los cartuchos de frites servidos con alguna salsa, siendo la de mayonesa la más usual.
Terminada la comida y durante un agradable paseo por el centro de la ciudad, nos comimos un gofre, también un dulce típico belga que ha sabido exportar a todo el mundo, en otro de los centenares de puestos que venden este manjar a un precio que oscila entre 1-2 €.


Zona de las instituciones europeas
A media tarde quedamos con Sergi, que nos hizo de perfecto anfitrión, llevándonos hasta la zona europea, en la que pudimos ver el motor político de un país llamado Europa. También vimos los edificios de la Comisión Europea que en ocasiones vemos en la TV, el parlamento, enormes edificios de oficinas, de cristal, de formas características. Al atravesar esta zona entramos en el Parque del Cincuentenario, recorriéndolo pausadamente, mientras las tinieblas comenzaron a tomar el cielo bruselense. Al final del parque, y en medio de un edificio de corte clásico en forma de hemiciclo con museos en cada brazo, se instala un enorme Archo del Triunfo, de tres puertas y una gran bandera nacional belga en la central. 

Sentados en unos bancos frente al momumento, nos tomamos un respiro y aprovechamos para llamar a nuestras familias. Seguidamente, nos dirigimos a casa de Sergi a tomar unas cervezas belgas (Leffe y Grimbergen creo recordar), descansar algo y retomar nuevamente nuestro recorrido por la zona de Sablon. Esta vez, Sergi nos sugirió un restaurante-bistro de gran aceptación y prestigio, que suele salir en guías de viaje y gastronómicas, Le perroquet. No más de 10 minutos tuvimos que esperar para finalmente se acomodados, mejor dicho, embutirnos en una estrecha mesa junto a las de alrededor. El lector querrá saber que es práctica habitual, no sólo de Bélgica, sino también de Francia, el que los comensales compartan estrecha mesa junto a otras de desconocidos, o incluso que el camarero reubique a comensales en plena comida, asentándolos en otras más pequeñas si se requiere acomodar a un grupo grande. De todas formas, el restaurante era una delicia, de un ambiente agradable y tranquilo, repleto de gente joven. La comida típica, el plato más demandado era la pita rellena de infinidad de productos: vegetal, árabe, mixto... una verdadera delicia que acompañamos, cómo no, de la excepcional cerveza. Entre otras, dimos cabida esta vez a la Duvel de doble fermantación, con su correspondiente copa, ya que cada cerveza belga requiere de su exclusiva copa.

Parque del Cincuentenario. Arco del Triunfo

Cansados del agotador primer día, declinamos la propuesta de visitar el centro asturiano de bruselas para tomar unas copas, y preferimos optar por el hotel. Serían las diez y media de la noche cuando descendimos desde Sablon, situado en una de las elevadas zonas de la ciudad,  hasta nuestro hotel casi en línea recta.
    A dormir.


DÍA 3. Domingo 30 de octubre

Nos levantamos a la hora de costumbre, para a las 8 en punto estar ya los cuatro desayunando en el buffet del hotel. Este día lo dedicaríamos a visitar las ciudades de cuento de Brujas y Gante. Localidades relativamente cercanas a la capital y perfectamente comunicadas por tren. Nuestra intención sería visitar por la mañana Brujas, a una hora de camino, y por la tarde Gante, a media hora, aprovechando que el mismo tren recorre las dos localidades.

    Grote Markt. Brujas. El impresionante Belfort (campanario)

De nuestro hotel hasta la Gare Central Station no tardaríamos más de 10 minutos andando. Una vez allí comprobamos en los paneles de salidas y llegadas los horario de los trenes con salida a Brujas, y consultamos en taquilla cuál era la mejor y más económica opción de billete. En un principio estimamos sacarnos un pase denominado Rail-pass, que por 74 euros y hasta un máximo de cinco personas, se pueden hacer hasta un máximo de 10 viajes, sin embargo, el atento funcionario nos ofreció otros billetes que nos saldrían más económicos, porque además, al ser fin de semana los billetes costaban el 50%. Como al día siguiente, lunes, queríamos visistar Amberes, también en la región de Flandes al igual que Brujas y Gante, sacamos el correspondiente billete, que aunque para viajar un lunes, pudimos adquirirlo también a mitad de precio.

    Fotos de los canales de Brujas. Más fotos en nuestro álbum de FLICK

En el anden correspondiente, serían las 9.30 de la mañana cuando cogimos un tren de dos alturas que en poco más de una hora nos dejaría en Brujas. Nada más llegar vimos junta a la estación, aparcamientos para bicicletas que ya habíamos visto en casi todas las estaciones. El uso de la bici en este país, como en la mayoría de los limítrofes, es importante, teniendo incluso preferencia de paso los ciclistas ante coches y peatones.
 
Minewater
Canales de Brujas
A la salida de la estación de Brujas, casi en línea recta vimos el Minewater, el lago del amor, que dejaríamos para la tarde, por lo que caminamos unos 15-20 minutos hasta que entramos por fin en una ciudad de cuento, de hadas, de sueños... Esta ciudad, que permanece intacta desde hace siglos, mantiene un aire y un aroma medieval, de otro siglo, con sus casas de ladrillo caravista y fachadas acabadas en escalones, de tonos ocres y rojizo y hasta un máximo de 3 alturas. La ciudad estaba a rebosar de turistas, y por supuesto españoles, que tanto contemplaban la arquitectura de la ciudad, tanto guardaban colas para recorrer sus calles en calesa, o sus anegadas calles en pequeñas barcas, porque efectivamente, Brujas es otra de las ciudades denominadas "la Venecia del norte", que no sé cuántas habrá, y está recorrida por preciosos canales que atraviesan bucólicos y bellos rincones que parecen más de otros tiempos. Nosotros cogimos un barquito en uno de los muelles destinados al efecto, que nos encontramos nada más entrar en la ciudad, concretamente en la calle Katelijnestraat, junto al Saint Jans hospital y un convento beguino (que más adelante veremos). Por 6.50.-€ una barca de recreo nos paseó y mostró los más bellos rincones de la ciudad, aunque en flamenco, francés e inglés, sin embargo, no necesitábamos nada más, pues la ciudad habla por si sola, aparte de llevar nuestras correspondientes guías con información detallada de lo que íbamos viendo. Por cierto, las barcas, en las que caben unas 25 personas, van provistas de paraguas por lo que pudiera pasar.

De camino al Grote Markt
Al finalizar nuestro acuático periplo nos dirigimos al Grote Markt, la plaza principal de la ciudad, recorriendo espectaculares calles medievales, algunas destinadas por completo al comercio. Llegados a la plaza, nos quedamos atónitos al contemplar el Belford, un campanario de 83 metros construido en el siglo XIII construido sobre el mercado de las Hallen, un antiguo mercado de siglo XIII. Sin duda, este campanario con carrillón de 47 campanas, se ha convertido por derecho propio en el faro del la ciudad, la referencia de cualquier visitante de la ciudad de Brujas.Para nuestra sorpresa, estaban celebrando unas jornadas gastronómicas locales en el centro de la plaza. Por 15 euros, se podían degustar 5 platos de alta cocina, que no llegamos a saborear, aunque sí su espléndida cerveza que se elabora en la propia ciudad y que se denomina Brugse Zot.



Todavía era pronto. No tendríamos más de 16º y el cielo estaba cubierto, por lo que optamos por realizar el recorrido a pie que sugiere la guía visual de El País de 90 minutos. Fue una extraordinaria idea que nos llevó por zonas alejadas del turismo; lugares que sólo contemplamos nosotros en esos momentos, sin embargo, a medio recorrido decidimos dejar el tour y entrar en una cervecería local; auténtica, de esas a las que solamente van los brujenses. Con escasa iluminación y con algunos lugareños en su interior degustando al zumo de cebada y lúpulo, nos tomamos una botella de litro de Leffe blonde de unos 7º, lamentando no haber traído los cacahuetes que dejamos en el hotel.


Basílica de la Sangre de Cristo
A poca distancia del bar, accedimos a una zona a las afueras de la ciudad (dándonos cuenta de lo que realmente habíamos caminado) en la que surgen de elevados y empinados montículos robustos molinos de viento (4 en total) en perfecto estado de conservación. Fotos y más fotos, y continuamos hasta llegar a la plaza del Burg con su Stadhuis, el Ayuntamiento construido en gótico flamígero en el siglo XV y que constituye una de las maravillas de la ciudad. También en la plaza, y adosada al Ayuntamiento, nos encontramos con la Baslílica de la Santa Sangre de Cristo a la que accedimos subiendo por unas degastadas escaleras de mármol. Por suerte, en una capilla lateral contemplamos de lejos el relicario tubular que, supuestamente, contiene la sangre de Jesús. El templo no es muy grande, pero lo compensa con sus hermoso interior repleto de obras de arte, amén de unas impresionantes vidrieras. 


El Grote Markt
Hora de comer.
Para comer teníamos localizado, por sugerencias de diarios de viaje y foros, la brasserie Medard, muy cerca del Markt, en el 18 de Sin Amandsstraat. Y qué bien y barato comimos. Por cuatro platos de espaguettis bolognesa, generosos y riquísimos, una ensalada con 2 grandes croquetas de queso de cabra y 4 pintas de la cerveza local, pagamos 29€. 

Serían las 14:30 más o menos, cuando decidimos coger el tren de las 15:30 horas en dirección a Gante, no sin antes pasar por el beaterio, el Begijnhof. Son recintos surgidos en la Edad Media, para acoger a las mujeres de los Cruzados.
 
Begijnhof
En esta pequeña ciudad, vivían las beatas como lo harían las monjas, pero sin tomar los votos. Pegado a este curiso y tranquilo lugar, seguidamente anduvimos por el Minnewater, el lago del amor. Precioso, bucólico, un verdadero remanso de paz que invitaba al paseo, a la reflexión, pero que no pudimos disfrutar al tener que marchar de inmediato a la estación de tren. 


Gante. Graslei, Muelle de las Hierbas
 

En poco menos de media hora el tren nos paró en la estación de Gante. En una máquina espendedora sacamos un ticket para el tranvía nº 1 que nos dejaría en el centro mismo de la ciudad. Lástima que ya había oscurecido y no pudimos hacer fotografías a la luz del día, porque lo que vieron nuestros ojos nos dejó impactados y sobrecogidos. Cierto es que esta ciudad está eclipsada por la cercana Brujas, pero no deja de ser hermosa y monumental, quizá más que Brujas. Ciudad medieval, antiguo gran centro de poder político y económico. Gante, al menos su caso antiguo, está igual que hace 400 años, cuando los españoles rondaban por allí. Al contrario que Brujas en el que todo es más pequeño, Gante nos dio la impresión que cuenta con más espacios abiertos, con anchas avenidas y enormes edificios históricos, pero sin duda es el Muelle de las Hierbas (Graslei) el lugar más mágico de Gante y el más perseguido por sus visitantes. Este puerto medieval está repleto de vida y comunicado por canales con Brujas y con los principales destinos del norte de Bélgica..., pero el muelle nos maravilló. Repleto de terrazas, edificios históricos pegado unos a otros de estilos variados que van desde el románico al gótico, con sus caraterísticas fachadas en peldaños, con un manso y ancho canal. Como en tantos otras ciudades belgas, las mejores casas fueron en tiempos gremiales, como la de los marineros, los recaudadores de impuestos, de los albañiles, etc.

Muelle de las Hierbas. Gante. Foto sacada de Google

Nos sentamos en una terraza junto al canal (en la foto de abajo, a la derecha, en las mesas que hay junto a unas sombrisas), frente a la hilera de casas salidas de un cuento. No se oía tráfico. El tiempo acompañaba, la luz tenue y una cerveza Jupiler, nos trasladó a la edad media. Sin duda, una de las mejores vistas que jamás hayamos visto, y uno de los mejores momentos de relax, donde pudimos saborear tranquilamente y pausadamente el sabor y aroma de Gante junto a buenos amigos. Pero antes recorrimos sus calles empedradas, el Ayuntamiento, el Castillo de los condes de Flandes, y finalmente el enorme Belfort (la torre del campanario), que junto a la catedral de San Bavón y la Iglesia de San Nicolás, componen un triángulo excepcional formado por sus tres altas torres, que intentamos fotografiar desde el  puente de San Miguel.
Muelle de las hierbas. Gante
Decididos a regresar a Bruselas sobre las ocho de la tarde, si bien, pienso que quizá fuera un error dedicar un solo día a las dos ciudades más hermosas de Bélgica, porque aunque vimos casi todo, anduvimos mirando el reloj más de lo debido y las dos ciudades hubiesen requerido un día entero cada una.

El muelle de las hierbas, o Graslei, de noche
Al llegar a la Central Station, cogimos un metro y nos dirigimos a la zona europea, a la parada de Schuman. Allí quedamos con Sergi para cenar en el local que mejores hacen las frites en toda Bélgica, en el Maison Antoine. Cuando llegamos, tres largas colas de gente esperaban su turno para, por 2,20 el cucurucho pequeño y 2.50€ el grande, más 0.60 por una salsa, degustar las que dicen mejores patatas fritas de Bruselas. Como curiosidad, en cualquiera de los bares de la zona se puede entrar con el cartucho de patatas, siempre y cuando consumas la bebida, de esta manera, todos ganan.

Las mejores frites de Bruselas
Atiborrados de patatas con su característico y acre olor, declinamos la propuesta de Sergi de tomarnos alguna cerveza en algún local de moda, y decidimos irnos a descansar. El día había sido largo, muy largo y agotador, y mañana nos esperaba Amberes, pero antes optamos por recorrer de nuevo la Grande Place, convertida a esas horas de la noche en un macro botellón con cientos y cientos de jóvenes. Para que luego digan de Alicante.

DIA 4. Lunes 31 de octubre

La tercera ciudad de la región de Flandes que visitamos fue Amberes. Por unos 30€ los cuatro, conseguimos (el día anterior al 50%) un billete de ida y vuelta a la ciudad que ostenta ser la primera productora mundial de diamantes. Sobre las 10-10.30 de la mañana llegamos a la que es considerada 4ª estación más bonita del mundo, según la revista Newsweek. De estilo neobarroco, comenzó a operar en 1904 y, ciertamente, no pasa desapercibida su magnificencia. 
Grote Mark. Amberes
Comenzamos a caminar por el centro, visitando la iglesia de Santiago y San Pablo en donde reposan los restos del universal Rubens -que no vimos al estar su tumba tras el presbiterio que estaba cerrado al público-, y recorriendo sus principales calles comerciales hasta que alcanzamos su catedral, dedicada a la Virgen María y esculpida en estilo gótico. Justo al lado, recorrimos la plaza principal, el Grote Markt, envuelta en edificios simbólicos de los siglos XVI y XVII, pertenecientes a los gremios de la época que imitaban la arquitectura tan característica belga. El Ayuntamiento también no fue ajeno a nuestros ojos, ni a nuestro objetivo, al igual que la estatua de Brabo, el héroe que fundó la ciudad de Antwerpen.

Según la revista Newsweek, una de las 5 estaciones más bonitas del mundo
Dejando atrás el Markt llegamos al puerto de Amberes, el segundo más grande de Europa, aunque pocos barcos viéramos. Conectado con el cercano mar por el río Escalda, caminamos por un paseo elevado que nos permitió ver lo ancho que era el río y cómo la ciudad creció y prosperó junto al margen portuario.

Puerto de Amberes
Casco antiguo. Amberes
Poco más nos quedaba por ver de esta diamantina ciudad, por lo que decidimos sobre la una del medio día regresar a Bruselas para comer y dedicar la tarde a la compra de algunos regalos que todavía teníamos pendiente. A decier verdad, la ciudad nos algo defraudó, pues esperábamos algo más, después de haber visto el día anterior Brujas y Gante.
                                                         
Ya de vuelta en la Central Station de Bruselas, no dirigimos sin dilación a A la Mort Subite una cerveceria de la conocida y referida marca, que nos trasladó a otro tiempo, a otra década. Donde en su interior notabas cómo se detenía el tiempo. Nos pedimos para apaciguar la sed unas pintas de Maes, para después proseguir, cómo no, con cercevas de la marca Mort Subite, que sorbimos con unas ommeltes con bacon, ensalada y plato variado de quesos y salamis, que una atenta y servicial camarera nos sirvió. 

Ya nos iba quedando menos tiempo. Al día siguiente a las 06.45 horas nos saldría el avión del aeropueto de Zaventem, y todavía teníamos algunas cosillas pendientes, como la compra de regalos, por lo que tras la comida decidimos irnos de compras cada uno por su lado, y quedar en el hotel a las 6 de la tarde para visitar el Atomium. Antes de comenzar a recorrer tiendas, engullimos tranquilamente un gofre en uno de las múltiples tiendas que los venden alrededor de la Gran Place, para acto seguido empezar a ver tiendas, comprobar precios y cambiar de ideas.

Con los deberes hechos, un cargamento importante de chocolates, algún que otros detallito/recuerdo chorra de esos que tanto me gustan, algunas camisetas y regalitos para los peques, enfilamos el hotel para dejar las bolsas, descansar apenas unos minutos y coger el metro hasta la parada de Heysel, a las afueras de la ciudad, y donde está ubicado el Atomium (una ampliación de 165 millones de veces del átomo de una molécula de hierro). Lástima que llegamos de noche, sobre las siete y media, y no pudimos sacar buenas fotos, aunque sí pudimos comprobar perfectamente lo grande que era. Cada una de las 9 esferas están comunicadas por escaleras mecánicas, y en la supuerior se encuentra un restaurante con unas vistas sin igual, pero no pudimos comprobar nada, porque cerraban a las 19.30. Tampoco pudimos entrar a la Pequeña Europa, una de las atracciones más visitadas de Bruselas. Es un parque que recrea a escala los principales monumentos europeos, como el Coliseo, el monasteriod el Escorial o la Torre Eiffel, y que por lo visto, vale la pena verlo.

El Atomium.



El Atomium iluminado. Este símbolo belga se encuentra a las afueras de la ciudad, y para llegar se ha de coger la línea 6 (azul), dirección Roi Baudoin. El trayecto dura unos 20 minutos hasta la parada de Heysel, desde donde caminando se accede fácilmente al propio Atomium.

    En el Kokob, con Sergi

En 20 minutos regresamos en metro a la capital belga, donde habíamos quedado de nuevo con Sergi. Esta última noche nos iba a llevar a un restaurante de cocina local para desgustar uno de los típicos platos de la gastronomía belga: la carbonade, es decir, un guiso de carne aromatizada con finas hierbas y cocinada con cerveza local, sin embargo, no pudimos probarla, porque los dos restaurantes a los que intentamos entrar estaban completos. El plan B consistía en algo inusual, un restaurante que nada tenía que ver con la gastronomía bruselense, ni europea: un restaurante etíope, el Kokob.
En una gran bandeja pusieron una masa tipo crepe que la cubrió por completo, para seguidamente una joven camarera comenzar a vertir carne de pollo y cordero sazonadas, legubres, pistos y asados de verduras, que acompañaríamos con ensalada y queso fresco. Para beber, pinta de cerveza, cómo no, y en vez de cubiertos, la misma masa que había sobre la vianda enrollada como un pergamino, que íbamos desenrollando para cogerla entre los dedos y así coger con la mano la comida. Muy divertido, muy bueno y bien de precio. Una segunda cerveza nos sirvió para finalizar la cena y regresar al hotel, despedirnos de Sergi y acostarnos, porque el despertador sonaría a las 4 de la mañana.

DÍA 5. Martes 1 de noviembre

A las 5 de la mañana ya estábamos todos en el hall del hotel. Hacemos el check-out, nos dan en recepción el desayuno en una bolsa (queso, pan, croasan y yougurt) y cogemos un taxi en la puerta que habíamos solicitado el día anterior, que nos deja en el aeropuerto internacional de Zaventem en poco más de 20 minutos. Recomendamos ir al aeródromo con tiempo, más que nada porque es enorme y se tarde mucho tiempo en ir de una terminal a otra. Facturamos sin problema y encontramos nuestra puerta de embarque rápidamente. A pesar de la hora, en el aeropuerto vemos mucha gente, muchos viajeros que van y vienen. Esta vez, Jetairfly nos da una tarjeta de embarque con reserva de asiento, pero al ser de los últimos nos proporcionan un sitio en la cola del avión. 

Nos vamos. Minewater
A las 06.45 horas nuestro avión despega puntualmente en dirección a Alicante, aterrizando 2 horas y diez minutos después. Fin del viaje, fin de unos días de evasión y diversión, de cargar pilas, de conocer otras culturas, nuevas gastronomías. Un viaje que ha valido la pena. Nos lo hemos pasado estupendamente, y además, gracias a Sergi, que nos ha hecho de perfecto anfitrión, nos hemos sentido en ocasiones como un bruselense más.

Ahora, a preparar el viaje del año que viene que seguro traerá muchas, pero que muchas sorpresas.  Para más fotos, entra en nuestro álbum de FLICKR




domingo, 8 de mayo de 2011

VIAJE A LA SIERRA DE ALBARRACÍN, TERUEL. Del 5 al 8 de mayo de 2011

VIAJEROS: Inma, Felo, Jorge y Laura, y Rafi, Mª Ángeles, Sergi y María.
DÍAS: Del 5 al 8 de mayo de 2011
HOTEL: Residencia tiempo libre Orihuela del Tremedal
TRANSPORTE:Coches
DÍA 1. Jueves

domingo, 10 de octubre de 2010

VIAJE A ESTOCOLMO. Del 8 al 12 de octubre de 2010

VIAJEROS: Inma y Felo, Antonelo y Rosa, Ángel y Susi, Vicente y Gemma.
DÍAS: Del 8 al 12 de octubre
HOTEL: Hotel Best Western Kom 3* -incluido full breakfast-
TRANSPORTE: Ryanair: Salida: 8/10/10 a las 19:40 h. Llegada al aeropuerto de SKAVSTA a las 23:30h
                                                 Regreso: 12/10/10 a las  15:05. Llegada al aeropuerto del EL ALTETlas 18:50h


            PREPARATIVOS   DIARIO DE VIAJE


     Preparativos
 

       Un año más, hemos programado un nuevo viaje en otoño que nos sirva de estímulo y relax; de impulso al nuevo curso 2010-2011.  Entre los destinos barajados, hicimos  una encuesta en la WEB, resultado elegida Estocolmo, y quedando relegada Bélgica a la segunda opción.
    En este viaje a la ciudad escandinava, nos acompañaran nuevamente aquéllos que el año anterior no pudieron venir al viaje de Dublín. Todos esperamos que este año se resarzan de su ausencia en el país de la Guinness.
    El alojamiento y los billetes de avión los reservamos con una antelación relativa -a finales de mayo-, con el fin de conseguir precios económicos, pero si realmente pretendemos encontrar precios aún más baratos, deberermos reservar en futuros viajes con una antelación mayor, entre marzo y abril. Asimismo, y con el propósito de ahorraronos los 10€ por persona de comisión que cobra Ryanair por el uso de la tarjeta de crédito, tenemos la opción de sacarnos la tarjeta Mastercard Prepaid del Sevilla F.C., ya que es la única tarjeta que no cobra ninguna comisión.
    De momento ya sabemos que llegaremos sobre las 23.30 h. al aeropuerto de Skavsta, que está a unos 100 km de la capital. Pese al horario, los autobuses que hacen el recorrido Skavsta-Estocolmo (www.flygbussarna.se) están sincronizados con las llegadas de Ryanair que hacen el trayecto hasta la capital nórdica -tienen como distintivo un arco iris, y están a la derecha de la salida de la Terminal de Llegadas- en poco más de una hora y media, por el módico precio de unos 50€ ida y vuelta. Al llegar a nuestro destino en la T-Centralen, la Estación Central de Autobuses, Metro y Tren de Estocolmo, en unos 20 minutos caminando llegaremos finalmente a nuestro Hotel, a no ser que optemos por el Metro. Para elegir el alojamiento, nos hemos basado en los parámetros de siempre: más o menos económico, céntrico, que esté bien y limpio, y que incluya el desayuno. Ciertamente, uno de mayor nivel, más caro o con mayores servicios de poco nos serviría, pues el uso que le damos al alojamiento es básicamente para dormir y desayunar.

    Ahora nos queda lo mejor: los preparativos, la planificación del viaje, la búsqueda de buenos restaurantes, las consultas a guías turísticas, a los foros a los diarios de viajes, como los del portal Los Viajeros, uno de los mejores. Y para más adelante nos quedará empezar a familiarizarnos con una nueva moneda, la Corona Sueca.

    Paginas de Información turística de Estocolmo: VOYAESTOCOLMO,  Estocolmo  Estocolmo1,

    Para ver en directo distintos puntos de Estocolmo, y para que nos vean llegado el caso: WEBCAMS



El metro circula los fines de semana hasta las 3 de la mañana, de forma que no tendremos problema en cuanto lleguemos, sobre la 1 de la madrugada, para sacarnos un billete sencillo e ir sin dilación a nuestro hotel. La T-Centralen (en el mapa, abajo por la izquierda)  es una Estación Intermodal, de manera que desde allí mismo podremos coger la línea verde (nº 19, dirección Hässelby strand) del metro -TUNNELBANA-, que tiene dos líneas más, la roja y la  azul, y que nos llevará a la estación RADMANSGATAN  T-BANA (parada nº 5), a dos manzanas del hotel Best Western Kom.
    Con una T se señala las estaciones de Metro (la más cercana al hotel es la de Radmansgatan), y con la llamada roja con la A en su interior, nuestro hotel.

En los siguientes enlaces, encontraremos la información necesaria sobre los transportes en Estocolmo
    Plano METRO ESTOCOLMO
    Cómo moverse por Estocolmo

    LA TARJETA ESTOCOLMO

    La Tarjeta Estocolmo (Stockholm card), quizás sea la forma más cómoda para movernos por la ciudad. Además de ilimitados viajes en metro, autobús, trenes de cercanía y visitas guiadas en barco, la tarjeta nos permitirá el acceso gratuito a 75 museos y enclaves turísticos.
    La tarjeta también incluye descuentos en excursiones, una guía con mapas de la ciudad e información en varios idiomas.
    Los precios de la Tarjeta Estocolmo para adultos son de 330/460/580 SEK (aproximadamente de 30 a 60 euros) para 24/48/72 horas respectivamente.  Ah!, las podremos comprar en las Oficinas de Turismo de Estocolmo, y en la T-Centralen.
    Entradas gratuitas y descuentos de la Stockholm a la Carte

     LUGARES QUE NO PODEMOS PERDERNOS. LOS IMPRESCINDIBLES

    Museo Vasa  Galeón del S. XVII hundido nada más botarse, rescatado y expuesto en un Museo. Esta en la isla Djurgärden. Gratuito con la Stockohlm a la Carte.
    Skansen  Parque temático de la forma de vida escandinava.
    Catedral de Estocolmo   
    Ayuntamiento de Estocolmo
    Torre del Ayuntamiento  
    Palacio Real  
    Museo Nacional de Bellas Artes
    Paseo en barco Paseo en barco 1     

    EXCURSIONES DE UN DÍA cercanas a Estocolmo
   
    Uppsala ,Uppsala 1 y Uppsala 2 Alberga la Universidad más antigua de Suecia (1477). Está a unos 70 km de la capital.                
    Sigtuna ,Sigtuna 1  y Sigtuna 2  Pequeña ciudad situada a 50 km de Estocolmo   
    Birka, Antigua ciudad vikinga patrimonio de la Humanidad. Hay que ir en Barco, que se pueden coger de los muelles que ofertan excursiones en barco.
    Para las dos primeras excursiones, podremos coger una autbús desde la T-Centralen (Estación Central de autobuses, metro y trenes). Esta excursión se puede hacer en barco de manera gratuita, presentando la Tarjeta Estocolmo a la Carta
      
  DIARIO DE VIAJE A ESTOCOLMO
       

 Día 1. VIERNES 8 DE OCTUBRE    

  Nos vamooooosssssssss.
En el avión, a punto de despegar hacia el aeropuerto sueco de Skavasta.       
              
        A las 18 horas habíamos quedado todo el grupo en el aeropuerto para facturar el equipaje, pasar el control de seguridad y tomarnos unas cervezas antes de embarcar. Un Pub de corte irlandés, se convirtió por unos instantes en nuestro punto de reunión y  agradable tertulia, antes de tomar rumbo a la península escandinava.

 

La salida la teníamos programada para las 19:40 horas, si bien, finalmente despegamos a las 20 horas en punto, llegando sobre el horario previsto, las 23:30, a un aeropuerto, el de Skavsta, a 120 Km. de la capital (80 minutos), que más parecía del tercer mundo que de la propia Suecia. Nada más bajar del avión comenzamos a sentir en nuestros cuerpos el intenso frío que no nos abandonaría ningún día, pese al sol reinante de casi todas las jornadas. Era una fría noche, de mucha niebla, en un aeropuerto muy pequeño, que parecía antiguo y desvencijado. Como es habitual en Ryanair, bajamos en medio de la pista, y nos trasladamos caminando a la terminal de llegadas para recoger nuestras maletas. Seguidamente, un autobús de la compañía Flygbussarna (235 kr/23€ i/v) que cogimos a la salida de la terminal, nos dejó en la City Terminalen (Estación de autobuses) sobre la 1:30 horas. Tras un ligero despiste por problemas de orientación, fuimos hasta la T-Centralen para coger un metro (indicados por una T, de Tunnelbana) que nos llevaría a una estación cerca de nuestro Hotel, el Best Western Kom. Sobre las 02:15 horas, por fin llegamos a nuestro destino.
        Hicimos el check-in, nos dieron las habitaciones en un edificio anexo, y nos despedimos hasta el día siguiente.

Día 2. SÁBADO 9 DE OCTUBRE

        Quedamos a las 9 horas. Habíamos llegado muy tarde, y teníamos que descansar un poco más si queríamos estar descansados el resto de días.
        El desayuno en el hotel era abundante y variado: revueltos de tortillas con gambas, las famosas Kötbullar (albóndigas suecas), salchichas, embutido, arenques marinados, tostadas, zumos y cafés. Tras la ingesta y paso por las habitaciones para cuestiones de última hora, bien abrigados y cargados con ligeras mochilas, comenzamos nuestro primer día en Estocolmo.

Ayuntamiento. Lugar de celebración de la cena en honor a los Premios Nobel
Salón azul del Ayuntamiento. Aquí tiene lugar el baile en honor a los premios Nobel

           Día soleado, de unos 10 grados y mucha humedad al estar la ciudad rodeada de agua. Antes de acudir a la Oficina de Turismo, frente a la Central Station, pasamos por la plaza Hotorget, convertida por las mañanas en un animoso mercadillo de frutas, setas y flores, y algún que otro puesto de ropa, aunque esta plaza, si por algo es conocida a parte de por el mercadillo, es por albergar  el Konserthuset, el edificio donde se entregan los premios Nobel. A continuación, caminamos hasta la Oficina de Turismo, donde nos dieron información puntual sobre visitas turísticas y excursiones, y donde nos recomendaron comprar la Stockholm Card para dos días (60€) que nos incluía entradas gratuitas a museos, descuentos y viajes ilimitados en medios de transporte.
         Con la tarjeta en nuestras manos, nuestro primer destino fue el Ayuntamiento, lugar de celebración de la cena y el baile de honor en la entrega de los premios Nobel. Al estar ese día cerrado, no tendríamos más remedio que volver al día siguiente a las 10 de la mañana para hacer la visita. De todas formas, hicimos las fotos de rigor y acudimos al Casco Antiguo, a Gamla Stan, la isla que separa el mar Báltico del lago Mälaren. Con la tarjeta visitamos el Palacio Real (recomendado), que nos llevaría cerca de una hora, y luego el barrio antiguo. Deambulamos por sus adoquinadas y medievales calles repletas de tiendas de souvenirs y restaurantes, haciéndonos fotos y grabando videos, hasta que se nos hizo hora de comer. Después de sopesar en cuál entrábamos, dimos con uno que no nos defraudó, el Glenfiddichwarehouse, -Ardbeg Embassy- en pleno corazón del Casto Antiguo -Gamla Stan-, y donde comprobamos una vez más el mito de que en el resto de Europa es imposible comer a partir de las 13 horas. Comimos salmón y arenques marinados (con mostaza, eneldo y clavo, y nata), de entradas, y de platos: las albóndigas suecas, salmón y carne, todo regado con pintas de cerveza local. Precio total, contando con que nos tomamos dos pintas cada uno, 40.-€ pareja. Un precio más que razonable para lo que comimos, pero sobre todo, por donde nos lo comimos.

Restaurante de Gamla Stan. Esperando el Salmón, los arenques y las albóngigas

Típico y tradicional plato de Salmón sueco
         Anduvimos nuevamente por Gamla Stan, deleitándonos con un café y algo dulce en una de las múltiples cafeterías allí ubicadas, y nos dirigimos en agradable paseo hasta el puerto de Nibrokajen a intentar hacer una visita en barco por las 14 islas que componen Estocolmo. No había sitio, por lo que cogimos turno para el día siguiente a las 16:30 horas. Con nuestro gozo en un pozo, continuamos nuestro peregrinar por la zona más exclusiva de la ciudad, Strändvagen, hasta llegar a la isla de Djugarden, morada del Museo Vasa, el parque Skansen y Junibacken entre otros, que ya este primer día, vimos por fuera. La isla alberga un bosque espectacular, de abetos, hayas, alces o robles, que en esta época del año mantenían unos colores otoñales evocadores, preciosos. El sol nos iluminaba, que no calentaba, mientras caminábamos por frondosos senderos y observábamos típicas construcciones escandinavas. El cansancio comenzaba a incidir en nuestros cuerpos. Nos habíamos acostado tarde, levantado relativamente pronto y habríamos recorrido ya bastantes kilómetros, que es lo que siempre suele ocurrir el primer día de viaje, el día de la toma de contacto de la ciudad.

Isla de Djurgarden
Parques de Djurgarden



Junibacken. La casa de Pipi
        Volvimos al hotel en metro, no sin antes pasar por un Lidl a comprar provisiones para la cena que nos prepararíamos en uno de los salones del hotel. La cerveza que adquirimos de sólo 3.5º, que es la que venden en las tiendas sin control estatal, las enfriamos, simplemente, colocándolas en la ventana, pues en la calle reinarían los 2 ó 3 grados. De todas formas, en la recepción del hotel pudimos comprar la marca nacional Mariestad (ésta sí de 5.3º/5€) para introducirnos en el apasionante mundo de las cervezas nórdicas, pero no todo fueron cervezas, porque nuestro amigo Titín nos sorprendió a todos con una botella de Ribera del Duero que buena cuenta dimos de ipso facto, y que nos sirvió de empuje a una visita nocturna al cementerio del siglo XVIII y XIX que teníamos frente al hotel, junto a la iglesia luterana Sankt Johannes Kyrka. Como os podéis imaginar, las nerviosas risas y las bromitas surgieron enseguida. Ahora bien, sólo el frío reinante nos hizo abandonar la gótica visita y buscar el abrigo de nuestras habitaciones. Mañana sería otro gran día.

Día 3. DOMINGO 10 DE OCTUBRE

         Quedamos a las 8 de la mañana, como siempre. Desayuno, paso por las habitaciones y rumbo al Stadshuset, al Ayuntamiento. A las 10 pudimos hacer la visita guiada en inglés al Ayuntamiento que a más de uno desilusionó, en cuanto a decoración interior. Por fuera, su característica silueta de miles de ladrillos cara-vista de color rojizo con su imponente torre, perfilan un horizonte capitalino de edificios no muy altos, donde sólo destacan los torreones de los palacios y las agujas y campanarios de las iglesias.
         Sin dilación, primero un metro y luego un tranvía (el 7 creo recordar), nos dejaría nuevamente en la isla de Djurgarden para realizar la visita al Vasa, al galeón del año 1626 que se hundió nada más botarlo y que fuera rescatado en 1961 casi intacto. Desde luego, una visita perfectamente recomendable.

Museo Vasa

     Antes de comer pasamos por la plaza Stortorget que habíamos visitado la noche anterior, sede del museo Nobel y de luctuosos acontecimientos nacionales en el pasado. Teníamos hambre, no nos decidíamos, hasta que finalmente bajamos a la calle principal de Gamla Stan, la Vasterlanggatan, en la que dimos con un buen restaurante donde degustar más de lo mismo: arenques, salmón, marisco y albóndigas suecas regadas con cerveza local. El elegido fue el Sundbergs konditori  y está considerado como el  tea room o el restaurante pastelería más antiguo de Gamla Stan. No obstante, y como suele ser ya habitual en nuestros viajes, antes de la comida degustamos unos frutos secos españoles con la fría cervecita escandinava. Finalizado el almuerzo, sorbimos un café de camino y tomamos nuevamente rumbo al embarcadero en Nibrokajen. A las 16:30 en punto, pues en Estocolmo los medios de transporte son "exactamente" puntuales, hicimos la visita en barco a la ciudad. Durante cerca de una hora recorrimos por el mar Báltico las islas de que componen la capital de Suecia, contemplando los preciosos parques y los espectaculares edificios de madera que iban decorando parte del trayecto. 

Embarcadero de Nibrokajen. De aquí parten
los cruceros turísticos
        El paseo por las riberas de las 14 islas que componen la ciudad de Estocolmo, constituye una verdadera experiencia, rodeados de arte y frondosos bosques, que convierten el paseo en un momento de relax y tranquilidad.

Paseo por Gamla Stan hasta el embarcadero, con la isla de Skeppsholmen al fondo

Al finalizar las excursión sobre las 17:30, optamos esta vez por subirnos a un autobús para visitar Soderlman; la isla que está unida al sur de Gamla Stan por Slussen, un sistema de puentes y carreteras que a nadie agrada. En esta isla se desarrollan las películas de la saga Milenium, y supuestamente, es la zona bohemia, de artistas, pero que a nosotros nos defraudó un poco al no ver nada, absolutamente nada, destacable. Incluso la arquitectura, que en toda Estocolmo es digna de mención al mantener un mismo estilo de corte antiguo y elegante, era aquí totalmente diferente. Lo más destacable fue, si acaso, la subida (gratis con la tarjeta) al Katarinahissen, una alto mirador a la entrada a Soderlman, en donde pudimos tomar espectaculares fotos de la ciudad.

Plaza de Stortorget, en Gamla Stan Gamla Stan desde el Ayuntamiento

     Un metro nos llevaría a la plaza de Sedgels Torg, la del famoso pirulí rosa. Aquí intentamos que desde España algún familiar o amigo se conectara a una Webcam para poder vernos, pero esta vez no dio resultado. Deambulamos por la zona, visitando algún parque y la zona de Östermalm, el barrio exclusivo de la capital, haciendo tiempo hasta las 8 de la tarde que teníamos hora para entrar en el Absolut Ice Bar, en el Nordic Sea Hotel. Por unos 18 € por persona, pudimos disfrutan de un entorno a -5º rodeados de hielo, abrigados por gruesas pieles y con una agradable música que nos invitó a entregarnos al baile durante unos minutos. La entrada incluía copa, por supuesto, de hielo, y consistía en una copa de Vodka o cóctel preparado por un camarero, rubio, alto y de ojos azules, como la mayoría. A los 40 minutos abandonamos el frío PUB y acudimos a un cálido McDonalds a cenar, comprobando que los precios eran casi los mismos que en España.

ICE BAR
ICE BAR





Unas risas a -10º
               Volvimos al hotel.
         Las cervezas que habíamos dejado en los balcones estaban congeladas. Las sacamos, también algo de frutos secos, y en agradable velada en el saloncito de costumbre, nos las tomamos entre risas, historietas y batallitas.
         A dormir.

Día 4. LUNES 11 DE OCTUBRE
   
     Desayuno a la hora acostumbrada. Este sería el día de la excursión que solemos hacer donde vamos, con el firme propósito de conocer algo más de la ciudad que visitamos, intentando siempre comprobar la parte que hay más allá de la turística y ver cómo realmente viven y son los suecos. Teníamos varios destinos, pero al final, aconsejados por la Oficina de Turismo elegimos el pueblo vikingo de Sigtuna, a unos 60 Km. de distancia.

Calle principal de Sigtuna

Paseando por sus tranquilas calles

Sobre las 09:40 subimos en un tren de cercanías en la Estación Central de Trenes, la Central Station, indicados con la J, que nos dejaría en la ciudad de Märsta, y de allí en el autobús 575 a Sigtuna. Este pequeño pueblo de pocos habitantes, está situado en la ribera del lago Malaren. Cuenta con una arquitectura característica, de colores ocres, grandes ventanas con flores en sus alfeizares y pequeños jardines con manzanos. El paseo por el tranquilo pueblo y por la zona lindante con el lago es bucólico, relajante. No hay ruido, apenas el producido por las ramas de los frondosos árboles o por la multitud de ánades que allí descansan. ¿Y el paisaje...? digno de un documental de naturaleza, de frondosos y altos bosques de hoja caduca. Allí el stress es 0 y la comida buena y barata. Por un menú consistente en ensaladas (la cantidad que querías), carne o pescado, cerveza y agua, más café (self-service) con pastas, 9 € por persona. Una vez más, nos dimos cuenta de lo caro que es vivir en España, y que Suecia ya no es tan cara como hace años.
         Nada más comer regresamos a Estocolmo, llegando a la Estación Central sobre las 4 de la tarde. Continuamos en metro hasta Gamla Stan para dedicar la tarde a las compras y regalos, que poco a poco fuimos acaparando, pues todos queríamos llevarnos un recuerdo de nuestro paso por la capital nórdica, destacando entre todos los recuerdos, un caballitod de madera pintado, convertido en símbolo nacional. Todavía tuvimos tiempo de visitar, en el barrio “pijo” de Österlman, un H&M y un NK, una gran superficie similar a nuestro Corte Inglés. De vuelta, compramos en un supermercado sueco víveres y bebida para la cena de esa noche que, como estaba siendo habitual en este viaje, prepararíamos en nuestro saloncito. La cena y bebida, dieron paso a una, como siempre, agradable y entretenida tertulia entre amigos, hasta cerca de las 11 de la noche. Esta seríala última, y de momento, todos manteníamos un alto grado de satisfacción.
        
Un de los muelles del pueblo
En un embarcadero, junto al lago Mälaren


Día 5. MARTES 12 DE OCTUBRE

        Último día. Quedamos a desayunar a la misma hora, pero con la intención de salir antes de las 9 horas del hotel. El avión nos sale de Skavsta a las 15 horas, y queremos coger el autobús en la City Terminalen a las 11.30 para estar en el aeropuerto sobre las 13 horas, pero para cumplir con este horario deberemos salir del hotel un poco antes de las 11 de la mañana, ya que la estación de autobuses se encuentra a unos 15-20 minutos caminando.
         Nos dirigimos al mercadillo de Östermalms Saluhall, a unos 20 minutos en dirección Este, no sin antes desviarnos hacia la plaza Stureplan, la zona de tiendas exclusivas y de diversión de la alta sociedad. Al llegar antes de la hora de apertura, las 09:30 horas, dimos una vuelta por el barrio y entramos en la iglesia Sankt Johannes Kyrka para hacer tiempo y comprobar el estilo de los templos luteranos, que en mucho se diferencian de los católicos, si bien, mantienen en común los mismos signos. Este pequeño mercado está especializado en gastronomía típica del país, desde pescados como el salmón o el arenque elaborados de mil formas, a las carnes tradicionales del país con la de Reno o Alce. Como característica destacable, resulta curioso ver en muchos de los puestos del mercado pequeñas barras, e incluso mesas, para comer o degustar cualquiera de las delicatessen que allí se ofertan. Compramos reno, salmón y alguna especialidad más, y regresamos a por las maletas.

Plaza del Mercadillo de Saluhall
Puestos típicos de comida sueca. Saluhall

         A las 11:10 ya estábamos en el embarque nº 4 de la City Terminalen, saliendo puntualmente a las 11:30 en dirección al aeropuerto de Skavsta. Una vez allí, facturamos y pasamos el control de seguridad, previo peso del equipaje de mano (sólo de las maletas), con relativa rapidez. Al entrar en la zona de embarque, nos acercamos al único bar del aeropuerto, donde varias pintas de cerveza con almendritas nos sirvieron de despedida de esta simpática ciudad, que siempre recordaremos, entre otras cosas, por el frío, que al menos yo, pasamos.
      Para  ver más fotos del viaje, entra en nuestra cuenta de FLICKR
      Nueva dirección FLICKR (a la espera eliminación anterior cuenta flickr)


    Ahora, como siempre sucede, nos queda el recuerdo, bonitas fotos y emotivos videos, y cómo no, dentro de poco comenzaremos a preparar el próximo viaje, que promete deparar alguna sorpresa, porque algunos miembros del grupo de viajeros ya están apuntando la posibilidad de visitar al año que viene algún país……. más cálido.