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sábado, 10 de noviembre de 2012

VIAJE A LONDRES. Del 10 al 14 de octubre de 2012


VIAJEROS: Inma y Felo; Vicente y Gemma; Antonelo y Rosa Ángel y Susi
DÍAS: Del 10 al 14 de noviembre de 2012
HOTEL: Hotel Enrico
TRANSPORTE: Salida   Easyjet 11/10/12 a las 21:50 h. Llegada al aeropuerto de Gatwick: 23:20, Terminal Norte.
Regreso  Easyjet 14/10/12 a las 19:40 de la Terminal Norte. Hora de llegada a El Altet: 23:10h



PREPARATIVOS

De nuevo ya estamos en marcha. Este año nos ha costado iniciar el viaje, porque estábamos pendientes de los puentes de otoño y de los viajeros que podían cogerse algún día de permiso. En un principio íbamos a viajar en dos grupos: el primero saliendo miércoles y el segundo el jueves, pero finalmente saldremos todos el jueves por la tarde.
Nos ha costado, sí, pero finalmente ya estamos preparados para iniciar el viaje; para comenzar con los preparativos, buscar información, leer foros y consultar con gente que ya haya visitado nuestro nuevo destino.
Londres es una ciudad que ya hemos visitado casi todos. Algunos como yo, hace más de 20 años, pero seguro que lo pasaremos genial. Así que: comenzaaaaaaaaaaaaaaaamooooooooooooooooooooooooos.

TRASLADOS AEROPUERTO GATWICK-LONDRES

Para desplazarnos del aeropuerto de Gatwick al centro de Londres, -también en Londresciudad- tenemos varias opciones que nos trasladarán a nuestro hotel en el centro de la ciudad, cerca de Victoria Station. El aeropuerto, el segundo más grande de Londres, está a unos 45Km de la romana Londinum. A este aeródromo llegaremos el Jueves 11 de octubre sobre las 23 horas en un vuelo de la compañía británica Easyet, que sacamos en el mes de junio por 213.-€ la pareja. De todas formas, informamos al lector que si el billete lo hubiéramos adquirido un par de meses antes, nos hubiera costado más barato.

La opción más cómoda, rápida, que no barata, para desplazarnos desde el aeropuerto al centro de Londres, es el Gatwick Express, que parte de los andenes 13 y 14 cada 15 minutos. Un tren que sale cada 15 minutos de la terminal sur, y que en poco más de 30 minutos realiza el trayecto. No obstante, al llegar el vuelo a la Terminal Norte deberemos coger un eficaz monorail que nos traslade a la Terminal Sur, o bien caminando, siguiendo una línea dispuesta en el suelo con la palabra "Trains" que nos llevará directamente a la Estación. Respecto a los billetes, podremos sacarlos en la WEB, en máquinas expendedoras o en las taquillas que hay en la propia estación, y que venden los tickets de todas las compañías.
PRECIO: Ida y vuelta en segunda clase (Anytime Return) 29.55 Libras. Cotización diaria Euro-Libra.

Otra opción interesante es el Tren Southern que hace el mismo recorrido que el Gatwick Express en 45 minutos y además, siempre ofrece algún descuento del tipo 2x1 ó 4x2. Como todos, sale de la Terminal Sur y el billete se puede comprar en el mismo aeropuerto o en el Sitio Web de la National Rail Enquiries.
La VUELTA en tren desde la Estación Victoria, tanto con el G-E como con el Southern, nos dejará en la Terminal Sur, y de aquí en monorail -o caminando- hasta la Terminal de Norte/Salidas.

También podremos desplazarnos con:
Easybus, cada 20 minutos. Pero no nos dejaría en la Estación Victoria, donde tendremos el hotel, sino en Earls Court/West Brompton. Además, el trayecto dura 1 hora y cinco minutos.

El resto de opciones de desplazamientos desde el aeropuerto de Gatwick a Londres si bien serán eficaces y más baratos (no mucho más), no serán tan cómodos y rápidos como el Express.

WEBCAMS DE LONDRES
Trafalgar Square
Big Ben

 PÁGINAS WEB DE INFO LONDON RECOMENDADAS
VisitBritain
Viajar a Londres 
Londres 
VisitLondon
Infolondres 

 ALOJAMIENTO 

Como en todos nuestros viajes, buscamos un alojamiento céntrico, que incluya desayuno y que esté bien; limplio y con servicio de habitaciones. Será nuestro cuartel general, nuestro lugar de descanso, sólo eso, pues como ya es habitual nos pasaremos el día entero fuera del hotel, regresando únicamente a altas horas de la noche para descansar de un día, que a buen seguro será agotador.


Para este viaje hemos decidido alojarnos por la Estación Victoria, un zona céntrica y además, con la estación del tren cerca. Buscadores de viajes como Trivago, Kayak, booking o edreams nos servirán para dar con el alojamiento deseado, que todavía no teníamos reservado a principios de julio. Y "tempus fugit". Finalmente dimos con el hotel que cumplía nuestros parámetros. Un hotel céntrico, de tres estrellas que incluía el English breakfast y servico de habitaciones, por 231 Libras/184.25€ al 9/7/12: el hotel Enrico (situación Enricohotel en google maps). Las opiniones del alojamiento son bastantes buenas, dada la mínima calidad de los hoteles londinenses y las malas críticas de los usuarios, sin embargo, el Enrico tiene una puntuación de 7/10 en booking, además de recibir buenas críticas en otras webs de viajes.

TRANSPORTE

El transporte londinense es de los más eficaces del mundo, pero también de los más caros. Existe una tarjeta llamada Londo Pass que combina el transporte ilimitado en metro y bus, con la entrada a museos. El viajero deberá antes estimar qué tipo de tarjeta le conviene, pues las hay de varios usos, días o precios.
Nosotros, nuestro grupo, seguramente optará por la modalidad sencilla de dos días, puesto que preferimos caminar y recorrer la ciudad lo máximo posible para aprovechar nuestra estancia a tope, sin embargo, cuando acudamos a alguna de las oficinas de turismo de la capital británica, será el momento en el que decidamos qué tipo de tarjeta nos conviene.
Si lo único que queremos es sacarnos un bono para el transporte ilimitado en la ciudad, tenemos la Travel Card (consultar precios actualizados) de 24 horas/7Libras ó 7 días -curiosamente no existe de 2 ó 3 días- por lo que sin duda la mejor opción para el viajero será la tarjeta de 24 horas. La Travelcard Day Anytime deberemos sacarla Off-peak, es decir, para utilizar a partir de las 9.30h de lunes a viernes y fin de semana entero, y la podremos adquirir en estaciones de metro, kioskos de prensa u oficinas de turismo al precio de: £7.00 . Conviene saber que la ciudad, desde el punto de vista de los transportes públicos, está dividida en 6 zonas, y dependiendo de las que queramos visitar cuesta una cantidad u otra. No obstante, la zona 1-2 es la que engloba todos los destinos turísticos más importantes de Londres y por tanto, la recomendada.
MUY IMPORTANTE. Necesitaremos que la Travelcard lleve estambado el logo de la National Rail si queremos utilizar los descuentos 2x1 de la página Days out guide, ya que esa empresa de transporte es quien patrocina y subvenciona los "vouchers", los bono-descuento 2x1.

COMIDAS

Como solo tenemos contratado el desayuno, las comidas las tendremos que hacer por nuestra cuenta. De todos es sabido la mala fama que tiene la gastronomía británica, no obstante sabemos que en Londres hay algo más allá de las hamburguesas, los sandwiches y los restaurantes chinos o tailandeses.
Tenemos la intención de probar la cocina local, la desconocida british food, y qué mejor lugar que los pubs ingleses, al igual que hicimos en 2009 en nuestro viaje a Dublín. Encontraremos estos pubs por toda la ciudad, e incluso reconocidas cadenas como Taylor Walker, Wetherspoon, Waxy O'Connor's o el London Stone, ofrecen comida autóctona a buen precio en unos pubs que a buen seguro nos trasladarán a la capital británica de finales del XIX.
Tampoco podemos obviar los puestos callejeros de comida del mercado de Camdem Town donde a buen precio podremos comer, eso sí, de pie, o algún chino de China Town o cualquier pizzería o  restaurante étnico de Picadilly o Soho.
De todas formas, la propia dinámica del viaje, el día a día, las necesidades, el hambre o la casualidad, nos harán decidirnos por unos u otros.

DIARIO DE VIAJE


DÍA 1. Jueves 11 de octubre 

Ya ha llegado, por fin, el día. Todo lo tenemos preparado. Estamos nuevamente ilusionados, espectantes por lo que nos deparará el viaje. Las previsiones meteorológicas son buenas: sol casi todos los días con alguna que otra llovizna, como así fue.

Quedamos a las 19.30 en el aeropuerto de Alicante, facturamos, pasamos el control de seguridad rápidamente y cenamos en una hamburguesería del aeropuerto.
Esperando el vuelo a London
Nos vamos
A las 21.50 h. teníamos prevista la salida con la compañía Easyjet, pero se retrasó hastas las 22.30 h porque a última hora la compañía estimó conveniente facturar, de forma gratuita, el equipaje de mano -sobre todo maletas pequeñas- ya que en el avión no cabía más equipaje. Una falta de previsión total. Para que luego digan de Ryanair.



Tras dos horas y diez minutos de vuelo aterrizamos en la terminal Norte del aeropuerto de London Gatwick sin ningún otro contratiempo. Eran las 23.30, hora local. Atrasamos los relojes, conectamos los móviles y nos dirigimos al control de seguridad y pasaportes.

Nos vamossssssssssssssss

Como el Reino Unido no tiene firmado con la Unión Europea el tratado Schengen, que permite la libre circulación de ciudadanos europeos entre países miembros y la supresión de aduanas, tuvimos que pasar un control de pasaportes, eso sí, muy light,  pero que nos retuvo algo más de tiempo en el aeropuerto. Igualmente, cuando salimos de Alicante la Policía Nacional también supervisó pasaportes y DNI's. A decir verdad, es un verdadero incordio que el Reino Unido no haya firmado ese tratado internacional, aunque pensándolo bien, siempre hacen lo contrario a lo que hace el resto de Europa.
Esperando el tren. Son la 01.30 h
Pasado el control de seguridad (rayos y arcos detectores), caminamos un buen trecho por el laberíntico y nada funcional aeropuerto de Gatwick hasta coger las maletas. Pero todavía no habíamos terminado. Nuestro propósito era desplazarnos del aeropuerto a la estación London Victoria en tren, pero la estación de trenes estaba en la Terminal Sur, de tal manera que tuvimos que coger un eficaz transbordador (shuttel) que nos llevaría a esa terminal en poco menos de dos minutos.
En el shuttel que nos llevo de la T-Norte a la Sur
Llegados a la T-Sur encontramos enseguida las taquillas de tickes -también hay máquinas expendedoras- optando para nuestro desplazamiento por el tren Southern, que por 6.60 libras la ida (salía más caro comprar ida y vuelta) nos dejaría en Londres en poco más de 45 minutos. Resaltar que nos costó esa cantidad porque en taquilla nos aplicaron de forma automática el 2x1 habitual, osea, que pagamos solamente el 50% del precio del billete sencillo, que son 13 libras.
La otra opción de transporte, el Gatwick Express, si bien es sólo algo más rápido (35 minutos) costaba algo más por persona -33.20 libras ida y vuelta-, por lo que no dudamos en cuál coger, como así nos propusieron y aconsejaron en foros de viajes, pues solamente tarda unos 15 minutos más y es igual de cómodo; es más, pertenecen a la misma empresa. Sin embargo tuvimos un incidente no programado. El tren que inicialmente teníamos que coger a las 00.51 se retrasó hasta las 01.40 h. Ya llevábamos acumulados dos retrasos: el del avión y ahora el del tren. Por fin, a las 02.15 llegábamos a la Estación Victoria y de aquí al hotel Enrico en no más de 10 minutos andando.
Hicimos el check-in, abonamos 10 pounds de fianza y a dormir, que son las 3 de la mañana.

DÍA 2. Viernes, 12 de octubre
Hotel Enrico. En City of Westminster
Cuando nuestro grupo se va de viaje, es habitual quedar a las 8 de la mañana a tomar el desayuno  e intercambiar impresiones sobre lo que vamos a hacer o ver en ese día, sin embargo, la primera noche estimamos quedar media hora más tarde porque nos habíamos acostado, finalmente, pasadas ¡las 3 de la mañana!
¿Y el hotel? Ya sabíamos que los hoteles en Londres son malos y muy, muy caros. Un tres estrellas como el nuestro a 90-100€ la noche, no pasa de una mísera pensión del extrarradio marginal del alguna ciudad española. Pero lo que más me fastidia es que las autoridades turísticas inglesas no tomen "cartas en el asunto" y mejoren hasta unos mínimos aceptables de calidad toda plaza hotelera.
El nuestro era pequeño y las habitaciones, más aún. No teníamos armarios, ni sillas; apenas dos camas juntas, una percha, una mesita para poner la TV y un aseo de avión, con el wc y la ducha literalmente pegados y todo el suelo totalmente tapizado, como en todos los hoteles y la mayoría de casas británicas.
Ubicación Hotel Enrico y London Victoria Station
Una manía inglesa que llama la atención, más que nada por el hecho de que los tapizados suelen estar sucios, con manchurrones y, claro está, poblado de minúsculos seres. Bien, dejando ya la crítica, al menos nuestras camas eran cómodas y cálidas, el personal amable, sobre todo la camarera Micaela que hablaba español, y el desayuno aceptable: queso, jamón york y alubias (versión light del british breakfast) o tostadas con cereales.

Típicas cabinas k-2
El día de hoy iba a ser completito y cansado, pues el tube (metro) no lo cogeríamos hasta mañana. Casas del Parlamento, Big Ben, Westminster Abbey, St. Margaret Church, Dowing Street, House Guards, Trafalgar Square, National Gallery, Picadilly, Carnaby Street, Oxford Street, Hyde Park, Green Park y Palacio de Buckingham Palace.
Había amanecido algo nublado, aunque de vez en cuando se dejaba ver el sol. Hacía frío y una elevada humedad, que sobre todo notábamos cuando un nubarrón tapaba el sol y hacía disminuir la temperatura unos ¡4 ó 5 grados! El clima, desde luego, es un incordio en Londres, porque tan pronto llueve como tan pronto sale el sol, o lo más sorprendente, cuando observamos como una única nube decide descargar su contenido al pasar por su vertical.

Casas del Parlamento y Big-Ben desde Westminster Bridge
Desde nuestro hotel caminamos por el margen del Támesis, muy sucio aunque sin olor, con destino a uno de los puntos más conocidos e importantes de la capital: la zona de las Casas del Parlamento en la zona de Westminster.
Info de la Abadía
La imagen más típica londinense
El gentío era apabullante. Llegado a este punto me gustaría comentar que la ciudad de Londres creo que está saturada. Ya no cabe más gente. Las calles, las plazas, los monumentos estaban a rebosar. En fin... Quizá sea el coste que la ciudad de Londres tenga que pagar al ser una de las ciudades más pobladas de Europa y la capital más visitada del mundo.
Tanto las casas del Parlamento como el Big-Ben -que en realidad es el nombre de una de sus campanas- la Abadía de Westminster y la iglesia de Santa Margarita -que está a su lado- e incluso la noria London Eye que está al otro lado de la orilla, están todos juntos, por lo que se pueden ver de forma rápida y sin recorrer muchos metros.



Big-Ben y Casas del Parlamento
Sin lugar a dudas, esta zona, esta área plagada de monumentos, es una de las que aglomera más cantidad de turistas de todas las nacionalidades, españoles incluidos como no podía ser de otra forma, a pesar de la gran crisis que sufrimos.

Westminster Abbey
De este importante punto neurálgico enfilamos Parlament Street y Whitehall (calles unidas y ligeramente ascendentes) en dirección norte hasta Trafalgar Square, no sin antes detenernos en la protegida y conocida Dowing Street, la residencia del Primer Ministro que desde hace unos años está vallada y fuertemente vigilada. Poco más adeleante nos toparíamos con la House Guards, el cuartel de la caballería real y lugar de celebración del torneo de Voley-playa durante las Olimpiadas de London 2012. Unas fotos con los Guardias a caballo y continuamos subiendo por la ahora, Whitehall street, hasta la plaza de Trafalgar, si bien, antes nos detuvimos en un conocido pub para empezar a degustar sus sabrosas y refrescantes cervezas.



El Red Lion sería nuestro primer contacto con el mundo de las cervezas Ale: tibias, con poca graduación, escaso gas y penetrante sabor, pero no a todo el grupo le gustó ese tipo de cerveza, optando por las del tipo pilsen o lager -como las españolas-, siendo la Carling la más conocida e incluso nuestra San Miguel.  El ambiente de los pub's ingleses es acogedor, cálido, y éste especialmente con una imortante carga histórica, pues Churchill acudía a él para tomarse varias pintas tras las sesiones en el Parlamento. Parece como si estés en el salón de una casa; muy distintos a los irlandeses algo más recargados, más llamativos, más decorados. En ellos solo se bebe cerveza en vasos de pinta, aunque todos tengan otros tipos de destilados, y para nuestro pesar ninguno te ofrecía cacahuetes o almendritas (no digamos otras tapas) para degustar junto a las cervezas, pero como suele ser habitual en nuestros viajes, los frutos secos -y alguna cosa más- los poníamos nosotros (je, je).
Aunque más adelante hablaremos de las comidas, solamente desde hace unos 20 años se puede comer en los pub's y degustar la tradicional y poco conocida cocina británica, que no solo se compone del tradicional fish and chips, sino de infinidad de pasteles de carne, afamados y sabrosos pies, carnes o estofados.
Tradicional fish&chips
En el mismo pub, al igual que sucede en los de Irlanda, existe un reservado o una zona en la que se puede comer. Primero se pide en la barra la bebida, que hay que pagar, para luego sentarse en la mesa y pedir la comida al camarero, aunque en algunos locales también hay que pedirla y pagarla en barra. Una comida o cena por pareja consistente en un par de pintas y dos fish&chips o algún pie, suele salir por unas 22-24 libras. Osea, que por menos de 30€ podría comer una pareja en una de las ciudades más caras del mundo, lo que nos lleva a pensar lo cara que está la vida en nuestra ciudad.

Trafalgar Square con la N. Gallery al fondo.
Tras la obligada cerveza en el Red Lion, continuamos hasta Trafalgar Square. Una plaza enorme, con una alta columna en medio coronada por el Almirante Nelson y cuatro grandes leones de bronce -proveniente de los cañones de los barcos españoles derrotados en Trafalgar- en la base del monumento. La vista es extraordinaria: a la izquierda tenemos el Arco del Almirante que da entrada a la avenida The Mall que conduce al Palacio de Buckingahm, y enfrente y en lo alto, la National Gallery, de entrada gratuita como la mayoría de museos británicos. Una galería de obras de pintores europeos, pero solo del continente, pues los cuadros de los artistas británicos están en la Tate Britain. Sin duda, un museo de visita obligada, por lo que entramos con la intención de ver lo más destacado, los llamados highligths, una selección de los 2300 cuadros del museo que son propiedad del estado británico. La Virgen de las rocas de Da Vinci, la Venus del espejo de Velázquez, la Silla de Van Gogh o uno de los Girasoles del mismo autor fueron algunos de los cuadros que vimos en poco más de hora y media.
Carnaby St.
Chinatown

La hora de comer se iba acercando. Caminamos un poco más en dirección a Piccadilly Circus, pasando por Chinatown y Carnaby Street, hasta que optamos por comer en un pub que fuera una antigua oficina de postas -correos- en el siglo XVIII y que curiosamente estaba regentada por punkis: The blue pots.


A pesar de los estrictos horarios británicos de comidas, nosotros comíamos y cenábamos a horarios españoles sin ningún problema, con la excepción del sábado por la noche que nos encontramos con la cocina cerrada en varios pub's, por lo que avisamos a los lectores de que anden con cuidado.

Brindis en The Post
Casi todos pedimos fish&chips y unas patatas con cebolla caramelizada y queso de entrantes, que junto a las pintas que sorbimos nos supuso no más de 22 pounds por pareja. La comida fue agradable, en el piso superior que muchos pub's utilizan de comedor, aunque la verdad, no suelen estar muy bien arreglados. Pintas, risas, anécdotas y batallitas de otros viajes y alguna que otra foto, conformaron un gran ambiente que disfrutamos hasta que salimos a tomar un coffe en uno de los múltiples Starbucks de Londres.
Nuestro siguiente destino era Piccadilly Circus. Una plaza no muy grande con una fuente en la glorieta central coronada por la efigie de Eros, pero muy conocida sobre todo por sus paneles luminosos que han salido en infinidad de películas. Lugar de encuentro y reunión de todo el que visita Londres, pero que a mí me parece tener una fama exacerbada.
Piccadilly Circus

Seguía haciendo frío. Habíamos venido de los 25º en Alicante a los 8 ó 9 de Londres; de la camiseta al jersey y el abrigo; del sol a la llovizna. Tan pronto salía el sol, tan pronto lo cubría una nube y nos mojaba. Aún así, tuvimos mucha suerte porque casi todos los días lució el sol.
Serían las 16.30 -maromenos- cuando enfilamos la curva de Regent Street plagada de tiendas y comercios, algunos de lujo como Ferrari, pero también de franquicias mundiales como HyM o Zara. Por las calles no cabía un alma. Londres estaba saturada de gente, de turistas, de británicos que pretendían comprar la mejor ganga en las tiendas que estaban en Off -rebajas-. Creo que esta capital ya no puede recibir más gente, más turistas que llenan cualquier zona de la ciudad, resultando un verdadero incordio caminar con tranquilidad.


Picadilly
Como nos íbamos deteniendo de vez en cuando en alguna de las tiendas, sobre todo las chicas, al final algunos compraron algunos recuerdos y ropa en varias shops, llamándonos sobre todo la atención la juguetería Hamley's de más de 250 años de antigüedad. Entrar en su interior es plenamente recomendable. En un edificio de 5 plantas, divertidos empleados juegan con los juguetes de moda, organizan talleres o hacen magia para el deleite de los niños, y como no podía ser de otra forma, no tuvimos más opción que comprar algún que otro toy. 

Neones en Picadilly
Ya era casi de noche cuando alcanzamos Oxford Circus, girando a la izquierda para enfilar Oxford St., una de las calles más conocidas de la ciudad con tiendas y grandes almacenes tan conocidos como Selfridges.

Al final de Oxford Street nos topamos con el parque más grande de Londres: Hyde Park, uno de los Jardines Reales propiedad de la corona, que pueblan la ciudad. Lo atravesamos en dirección sur dejando a la derecha Marble Arch, hasta la intersección que da entrada al Green Park a través del Arco de Wellington. Al igual que en Hyde Park, nos encontramos con infinidad de ciclistas y corredores, pero con poca gente paseando por los parques. Éste último, el Green, lo encontramos completamente vacío y apenas iluminado con una tenue farola cada 50 metros. Por fin, tras horas y horas de caminar dimos con el último de nuestros objetivos: el Palacio de Buckhingam, la residencia oficial de la Corona Británica. 


Palacio de Buckhingam
Vista lateral del Palacio
Sobre la residencia real ondeaba la bandera británica, la Union Jack, informándonos que la Reina no estaba en palacio, puesto que cuando está ondea la bandera de la casa Windsor.
Ya había anochecido y como curiosidad, el gélido viento que de vez en cuando soplaba había cesado y la temperatura bajado unos grados. Unas cuantas fotos, vídeo y unos minutos de descanso delante de la estatua de la Reina Victoria que hay frente al palacio, dieron por finalizado nuestro largo periplo del día de hoy, al menos, en cuanto a visitas turísticas, porque todavía nos quedaba cenar en el pub St. George's tavern.
Tras dejar las mochilas, algunos cambiar el calzado y otros realizar gestiones de última hora, salimos del hotel a cenar, no sin antes pasar por el pub Prince of Wales y tomarnos unas pintas con spain's frutos secos. Este típico pub inglés no era muy grande, pero era agradable y cálido, como si estuviéramos tomando un aperitivo en una casa londinense. Tras las pintas de Ale y Lager de rigor, optamos por el cercano pub St. George's de la cadena Nicholson's.

 
Un típico pastel -pie- con puré de patatas -mash-
De pie junto a la barra y con una nueva pinta en nuestras manos, esperamos a que un atento camarero nos acomodara en una esquina del comedor del pub. Esta cadena de locales fabrica su propia cerveza Ale algo afrutada: la Nicholson's pale ale, que a algunos gustó más que a otros, pero que sin duda nos acompañó esa noche. Para cenar optamos por la cocina local: el fish&chips, chicken and mushroom pie, sausage and mash y algunas hamburguesas de la casa. Una buena cena agradable y divertida que finalizamos cerca de las 12 de la noche y que nos costó unas 22 libras por pareja. Un precio más que aceptable por cenar en un céntrico pub londinense.
El día había sido largo, muy largo, y tocaba dormir y descansar. Mañana sería otro día.
                                  
Foto de familia en el St. George's

DIA 3. Sábado, 12 de octubre

Son las 08.15 y de forma puntual estamos ya todos desayunando. La atenta y simpática Micaela nos sirve el café, el té, las tostadas, los cereales y el british -light- breakfast para antes de las 9 de la mañana ya estar el la calle. Nuestros destinos en el día de hoy serían: el British Museum, la Torre de Londres, el London Bridge y la Tate Modern, si bien, sobre la marcha iríamos viendo o yendo a cualquier otro sitio más. 
Las distancias en Londres son enormes, por lo que se hace indispensable comprar algún tipo de tarjeta de transporte, como la Travelcard o la Oyster. Nosotros optamos por la primera (precios actualizados) para el sábado y el domingo, con el inconveniente de que solamente venden tarjetas de 1 ó 7 días, de manera que cada día tuvimos que sacarnos una tarjeta que nos sirviera para movernos entre las zonas 1 y 2, que son las que engloban el 95% de las atracciones turísticas de Londres. La de 24 horas podíamos adquirirla Off peak (uso a partir de las 9 horas-hora punta/7 pounds) o Peak Day Anytime (uso en hora punta/8.40 pounds). La travelcard Off peak la sacamos sin ningún tipo de problemas en las visibles taquillas de la estación London Victoria -al salir de la estación- y a decir verdad las amortizamos rápidamente, ya que un billete sencillo cuesta ¡4.30 pounds!
Desde la estación Victoria cogimos el tube hasta la estación de Tottenham Court Road en la confluencia de las calles Oxford St. y New Oxford St. En cuanto salimos a la superficie, en no más de diez minutos andando llegamos al museo de antigüedades más conocido del mundo: el British Museum. 

Pórtico de entrada al Museo
La entrada, como ya hemos comentado, es gratuita, y lo primero que llama la atención del visitante es, sin duda, el gran atrio circular de entrada diseñado por Norman Foster, de techo de cristal e iluminado con luz artificial. A modo distribuidor te orienta y dirige a las múltiples salas de arte; una forma cómoda y eficaz de visitar el British.
Aquí moran algunas de las piezas más valiosas e importantes del mundo de la arqueología o del saber, como la Piedra Rosseta o la Leona herida, el Friso de los Arqueros o el friso que el escultor Fidias esculpiese para el Partenón, y que da muestras de lo que estos ingleses esquilmaron es su etapa colonial por todo el mundo. 

Al la izquierda una parte del friso del Partenón, y a la derecha Inma y un servidor con la diosa egipcia Sekhmet. Además, infinidad de estatuas sedientes de faraones, esculturas de dioses, gobernadores, momias y sarcófagos, ocupan varias salas destinadas a la lejana, fascinante y maravillosa cultura egipcia.

Podríamos habernos pasado toda la mañana, e incluso varios días, deleitándonos de tanta maravilla de la antigüedad junta, pero no disponíamos de lo más valioso: del tiempo, de modo que apenas dedicamos un par de horas en visitar las salas más conocidas como la egipcia, la romana, la griega o la persa entre otras.

Video de la sala de momias del British

Sobre las 11.30 salimos del edificio con la intención de tomarnos una cerveza en el The Tavern Museum de la cadena de pub's Taylor Walker, frente al museo, uno de los locales frecuentados por Dickens que encontramos cerrado. Sin embargo, no cejamos en el empeño de descansar en algún pub. Tras encontrar cerrado alguno más, por fin dimos con uno de la cadena Nicholson's, el Bloomsbory Tavern; pequeño, agradable y cálido como la mayoría, forrado de madera oscura y algo de artesonado, que nos sirvió para descansar, comentar lo visto, preparar nuestro siguiente destino, charlar y reírnos durante unos minutos de asueto alrededor de varias pintas Ale, Carling e incluso San Miguel.

En metro nos dejaría en la parada Tower Hill, frente a la Torre de Londres, aunque optamos por no entrar y, simplemente, verla por fuera. Esta fortaleza de más de 900 años fue sinónimo de terror durante siglos, convirtiéndose en una de las peores prisiones del mundo. Este edificio, que también fuera residencia real y lugar de ejecuciones, está frente al río y junto al puente más conocido del Londres, el London Bridge. Personajes tan famosos como Ana Bolena, la reina Jane Grey o el pensador Tomas Moro, fueron ejecutados sin piedad en una de sus torres: en la Torre Verde. Pero si por algo es conocida actualmente esta Torre es por albergar las valiosas Joyas de la Corona, por sus cuervos y por su Torre Blanca, el edificio central y más antiguo -siglo XI- que ha sido alojamiento de reyes, prisión y armería.

Poco se dejaron ver ese día los custodios de la Torre, los afamados Beefeater, que solo vimos a la entrada al recinto, que por cierto cuesta 20.80 Libras. No obstante, hay una forma de pagar en muchos monumentos el 50%, y no es otra cosa que ir con los bonos (vouchers) 2x1. Existe una página de descuentos, days out guide, en la que tras darse de alta se pueden conseguir descuentos 2x1, pero siempre presentando una travelcard con el logo de la National Rail o incluso el ticket de ida y vuelta del tren. Para una mayor info, el lector encontrará al principio de esta página, en 'PREPARATIVOS', la explicación del sistema de bonos 2x1. Nosotros, por cuestiones de tiempo y oportunidad no llegamos a utilizarlos, aunque los llevábamos.

La Tower y al fondo la City
El tiempo comenzaba a ponerse feo, mas rachas de gélido viento nos prevenían que en breve se pondría a llover. Dudamos entre visitar la City, tras la Tower, o cruzar el Támesis por el Tower Bridge, el Puente de la Torre (que no confundir con el Puente de Londres), optando por la segunda opción.

                                        
A ambos lados, el Tower Bridge, y abajo una vista del río desde el centro del puente.





En el margen izquierdo: The Shard
En medio del puente nos cogió la lluvia. Chubasqueros, paraguas y a continuar. Ahora tocaba comer y como siempre, a la búsqueda de un pub que nos diera buena impresión y tuviera unos precios aceptables (la mayoría tiene sus cartas y menús expuestas o colgadas en la calle). Caminando del puente hacia la Tate Modern por el margen izquierdo del río, finalmente dimos con otro de los típicos pub's ingleses: The Shipwrights Arms, en Tooley St. Al estar completo nos dieron mesa en el piso superior, que como los que ya habíamos visitado estaba algo descuidado. Varias pintas y de nuevo el fish&chips, los pies y las burgers, nos sirvieron para descansar, tomar fuerzas y planificar la tarde.
Después de comer continuamos por la ribera del río entre antiguas casas portuarias, almacenes y antiguos comercios ahora convertidos en tiendas alternativas, de vinos, pub's y modernos restaurantes, sin embargo la zona todavía rezumaba el encanto victoriano de finales del XIX: humedad, cielo gris, calles estrechas, casas de ladrillo rojizo y estrechas y alargadas chimeneas. Dimos con uno de los múltiples mercadillos callejeros de la ciudad, que pasamos de largo, hasta que dimos con The Globe, una reproducción exacta del teatro en el que Shakespeare estrenaba sus obras, que fue incendiado en el siglo XVII y reconstruido en 1997.
The Globe
La Tate Modern ya la teníamos cerca. Una antigua central eléctrica convertida en un museo alternativo que da cabida y paso a todas las tendencias. Nuestra intención era la de subir a la cafetería de la 5ª planta para ver las magníficas y espectaculares vistas de la ciudad. Encontramos un hueco en una alargada barra adosada a la pared de cristal, pedimos algunos coffes and teas y nos deleitamos con una de las mejores panorámicas londinenses. Frente a nosotros y al otro lado del río se erigía la colosal catedral de San Pablo, a la que accederíamos por el peatonal Puente del Milenio de Norman Foster, mientras que a la derecha teníamos la futurista City repleta de altos edificios de cristal y formas geométricas.

Vista de la City desde la Tate Modern
Vista de la catedral de San Pedro y el Puente del Milenio desde la Tate
Visitamos rápidamente algunas salas y observamos algunas conductas extrañas que se debían esencialmente a extrañas perfomances. Bajamos al sótano para subir a la primera planta, salir al exterior y cruzar el atestado Puente del Milenio en dirección a nuestra siguiente parada: la Catedral de San Pablo. Construida entre 1676 y 1767 por el arquitecto Chirstopher Wren sobre las ruinas de la antigua catedral medieval, es la segunda iglesia más grande del mundo, solo superada por San Pedro del Vaticano, y como la mayoría de templos londinenses, pertenece a la confesión Anglicana.

  Video de la catedral de San Pablo

Gracias a que había un acto litúrgico, entramos a verla desde la entrada, pues personal de seguridad no dejaba recorrerla con tranquilidad, y menos, hacer fotos.
Lateral de la catedral de San Pablo. Vista desde el Puente del Milenio.
La ya amortizada Travelcard la utilizamos nuevamente para coger el tube y acercarnos a la zona de Piccadilly, porque habíamos decidido "darnos la tarde libre" para ir de compras por Regent, Oxford y las streets más comerciales, que ya empezaban a decorar e iluminar con motivos navideños.
A las 9 de la noche habíamos quedado todos en el hotel para cenar, aunque habíamos decidido que si alguien terminaba antes nos veríamos en el pub St. George's, junto al hotel, como así hicimos Inma y yo, que tras las compras de rigor y dejar las bolsas y mochilas en el Enrico, nos tomamos una nueva pinta a la espera del grupo... que finalmente no vino. Sólo a Ángel y Susi vimos venir cuando ya salíamos en dirección al hotel.
No eran más de las 10 de la noche cuando entramos en el St. George's a cenar, y cuál fue nuestra sorpresa que la cocina estaba cerrada. Deambulamos por las calles en busca de un pub en el que comer, pero la misión fue imposible. Al final acudimos a la zona comercial de la cercana estación Victoria, donde pudimos comer en un MacDonald's. Tras las cena en el fast food nos tomamos la última pinta en un pub que estaba en la misma calle del hotel: en el The Marquis; un pub lleno de gente con muy buen ambiente y en el que también se podía comer.
Fin de la jornada.


DÍA 4. Domingo, 12 de octubre

Hoy es nuestro último día y tenemos que exprimirlo al máximo. Para hoy teníamos previsto el Museo de Historia Natural y Camden Town.

 Galería central del Museo de Historia Natural.

Poco antes de las 10 de la mañana (hora de apertura) ya estábamos haciendo cola para visitar -la mayoría de los museos son gratis- uno de los mejores y más divertidos museos de Londres: el Natural History Museum. De forma atractiva, pero sobre todo visual al mostrar reproducciones a escala de dinosaurios o ballenas azules, es una garantía para que tanto niños como adultos pasen una mañana muy, muy divertida y didáctica.

Fachada principal de entrada al Museo
La mascota del Museo: el dinosaurio.
Una de las mejores atracciones del museo es, sin duda, la sala interactiva de los dinosarurios, en la que sobre una elevada pasarela, el visitante recorre una sala repleta de reproducciones animadas de estos reptiles del pleistoceno.

 
Sala de dinosaurios

El tiempo pasaba y todavía teníamos que visitar Camdem Town, pero antes subimos hasta el Kensigton Park para ver el Royal and Albert Hall, uno de los teatros más conocidos y prestigiosos del mundo, que fuera construido por el principe Alberto en 1871. En un principio fue llamado The Central Hall of Arts and Sciences, pero fue cambiado a Royal Albert Hall of Arts and Sciences por la reina Victoria en memoria de su fallecido esposo Alberto.

Royal and Albert Hall.
De nuevo al metro que nos llevaría hasta la lejana y atiborrada estación de Camden Town, en el barrio del mismo nombre. Caminamos en paralelo al parque por Kensigton Road y continuamos por Knighstbrigde Rd. hasta llegar a la parada de metro de Knighstbrigde, pero antes hicimos un nuevo alto en el camino en un pub para tomarnos unas cervezas con fuet y olivitas made in spain, concretamente en el Paxton Head's, de la cadena de pub's Taylor-Walker, donde realizamos una divertida cata de cervezas. Ante nuestras curiosas preguntas al amable camarero sobre las cervezas locales, éste nos hizo probar las 6 ó 7 cervezas del pub en una cata inesperada y divertida que nos ayudó, esta vez a elegir... las que veníamos tomando.
CAMDEN TOWN. Cómo describir este macro mercadillo de tendencias y gastronomía mundial. Es enorme, repleto de tiendas y comercios de lo más variado, de mercadillos estilo spain o tipo zoco, techados con telas y toldos. Nada más salir de la estación de Camden y enfilar Camden High St. ya nos hicimos una idea de lo que nos íbamos a encontrar; aparte de todo: gente y más gente.
Nuestra intención había sido comer algo en alguno de los puestos callejeros de comida Thai, cantonesa, mexicana o hindú, por poner un ejemplo, que nos encontramos en Camden Town lock Village Market, pero no había sitio -literalmente hablando- ni para comer de pie. Acaso una sabrosa samosa pudimos probar caminando hasta que dimos con un restaurante para comer. El tiempo empezaba a echársenos encima, porque queríamos coger el Southern a las 17 horas, de modo que enseguida dimos con el restaurante-pub Highlight, junto a un canal de agua dulce y frente al mercado de comidas.
En el Highlight

Quisimos comer rápido para volver al hotel cuanto antes y coger las maletas -que dejamos por la mañana tras pagar una libra por persona, porque a las 10 teníamos que dejar las habitaciones-, pero la food se retrasó más de lo previsto. Finalizada la comida dimos una rápida vuelta por las calles adyacentes y cogimos el tube en la estación de Camden, con el oscuro presagio de que la estación estuviera cerrada para evitar aglomeraciones, como sabíamos de antemano que suelen hacer algunos fines de semana de mucha afluencia de visitantes. Si hubiera estado cerrada, tendríamos que habernos desplazado a la siguiente estación de metro que estaba algo lejos, lo que hubiera supuesto un grave problema de tiempo.

Al llegar a London Victoria las chicas se quedaron en la estación buscando el andén del tren, mientras nosotros fuimos al hotel a recoger las maletas. El vuelo lo teníamos a las 19.40 h. y ya íbamos con el tiempo justo, y más cuando perdimos el tren de las 17.10. Finalmente cogimos el de las 17.30 que nos dejaría sobre las 18.20 en la estación del aeropuerto de Gatwick. A más de a uno por poco le da un flash/síncope/colapso al pensar que perdía el avión.
Al igual que sucedió a la ida, Easyjet optó por facturar gratis el equipaje de mano de algunos viajeros, motivando un nuevo retraso del avión y despegando finalmente cerca de las 20.30 hora local. A las 23.30 hora de España, aterrizamos en Alicante.
En el avión, de camino a Alicante
Como siempre, toda historia, todo viaje tiene un final, y el nuestro llegó tras unos días que pasamos estupendamente en la capital del Reino Unido con los amigos. Pero no todo son ahora los recuerdos del viaje, las fotos o este blog, porque lo mejor queda por venir. Seguro.
Más fotos del viaje en nuestro album de FLICKR