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domingo, 8 de mayo de 2011

VIAJE A LA SIERRA DE ALBARRACÍN, TERUEL. Del 5 al 8 de mayo de 2011

VIAJEROS: Inma, Felo, Jorge y Laura, y Rafi, Mª Ángeles, Sergi y María.
DÍAS: Del 5 al 8 de mayo de 2011
HOTEL: Residencia tiempo libre Orihuela del Tremedal
TRANSPORTE:Coches
DÍA 1. Jueves

domingo, 10 de octubre de 2010

VIAJE A ESTOCOLMO. Del 8 al 12 de octubre de 2010

VIAJEROS: Inma y Felo, Antonelo y Rosa, Ángel y Susi, Vicente y Gemma.
DÍAS: Del 8 al 12 de octubre
HOTEL: Hotel Best Western Kom 3* -incluido full breakfast-
TRANSPORTE: Ryanair: Salida: 8/10/10 a las 19:40 h. Llegada al aeropuerto de SKAVSTA a las 23:30h
                                                 Regreso: 12/10/10 a las  15:05. Llegada al aeropuerto del EL ALTETlas 18:50h


            PREPARATIVOS   DIARIO DE VIAJE


     Preparativos
 

       Un año más, hemos programado un nuevo viaje en otoño que nos sirva de estímulo y relax; de impulso al nuevo curso 2010-2011.  Entre los destinos barajados, hicimos  una encuesta en la WEB, resultado elegida Estocolmo, y quedando relegada Bélgica a la segunda opción.
    En este viaje a la ciudad escandinava, nos acompañaran nuevamente aquéllos que el año anterior no pudieron venir al viaje de Dublín. Todos esperamos que este año se resarzan de su ausencia en el país de la Guinness.
    El alojamiento y los billetes de avión los reservamos con una antelación relativa -a finales de mayo-, con el fin de conseguir precios económicos, pero si realmente pretendemos encontrar precios aún más baratos, deberermos reservar en futuros viajes con una antelación mayor, entre marzo y abril. Asimismo, y con el propósito de ahorraronos los 10€ por persona de comisión que cobra Ryanair por el uso de la tarjeta de crédito, tenemos la opción de sacarnos la tarjeta Mastercard Prepaid del Sevilla F.C., ya que es la única tarjeta que no cobra ninguna comisión.
    De momento ya sabemos que llegaremos sobre las 23.30 h. al aeropuerto de Skavsta, que está a unos 100 km de la capital. Pese al horario, los autobuses que hacen el recorrido Skavsta-Estocolmo (www.flygbussarna.se) están sincronizados con las llegadas de Ryanair que hacen el trayecto hasta la capital nórdica -tienen como distintivo un arco iris, y están a la derecha de la salida de la Terminal de Llegadas- en poco más de una hora y media, por el módico precio de unos 50€ ida y vuelta. Al llegar a nuestro destino en la T-Centralen, la Estación Central de Autobuses, Metro y Tren de Estocolmo, en unos 20 minutos caminando llegaremos finalmente a nuestro Hotel, a no ser que optemos por el Metro. Para elegir el alojamiento, nos hemos basado en los parámetros de siempre: más o menos económico, céntrico, que esté bien y limpio, y que incluya el desayuno. Ciertamente, uno de mayor nivel, más caro o con mayores servicios de poco nos serviría, pues el uso que le damos al alojamiento es básicamente para dormir y desayunar.

    Ahora nos queda lo mejor: los preparativos, la planificación del viaje, la búsqueda de buenos restaurantes, las consultas a guías turísticas, a los foros a los diarios de viajes, como los del portal Los Viajeros, uno de los mejores. Y para más adelante nos quedará empezar a familiarizarnos con una nueva moneda, la Corona Sueca.

    Paginas de Información turística de Estocolmo: VOYAESTOCOLMOEstocolmo  Estocolmo1,

    Para ver en directo distintos puntos de Estocolmo, y para que nos vean llegado el caso: WEBCAMS



El metro circula los fines de semana hasta las 3 de la mañana, de forma que no tendremos problema en cuanto lleguemos, sobre la 1 de la madrugada, para sacarnos un billete sencillo e ir sin dilación a nuestro hotel. La T-Centralen (en el mapa, abajo por la izquierda)  es una Estación Intermodal, de manera que desde allí mismo podremos coger la línea verde (nº 19, dirección Hässelby strand) del metro -TUNNELBANA-, que tiene dos líneas más, la roja y la  azul, y que nos llevará a la estación RADMANSGATAN  T-BANA (parada nº 5), a dos manzanas del hotel Best Western Kom.
    Con una T se señala las estaciones de Metro (la más cercana al hotel es la de Radmansgatan), y con la llamada roja con la A en su interior, nuestro hotel.

En los siguientes enlaces, encontraremos la información necesaria sobre los transportes en Estocolmo
    Plano METRO ESTOCOLMO
    Cómo moverse por Estocolmo

    LA TARJETA ESTOCOLMO

    La Tarjeta Estocolmo (Stockholm card), quizás sea la forma más cómoda para movernos por la ciudad. Además de ilimitados viajes en metro, autobús, trenes de cercanía y visitas guiadas en barco, la tarjeta nos permitirá el acceso gratuito a 75 museos y enclaves turísticos.
    La tarjeta también incluye descuentos en excursiones, una guía con mapas de la ciudad e información en varios idiomas.
    Los precios de la Tarjeta Estocolmo para adultos son de 330/460/580 SEK (aproximadamente de 30 a 60 euros) para 24/48/72 horas respectivamente.  Ah!, las podremos comprar en las Oficinas de Turismo de Estocolmo, y en la T-Centralen.
    Entradas gratuitas y descuentos de la Stockholm a la Carte

     LUGARES QUE NO PODEMOS PERDERNOS. LOS IMPRESCINDIBLES

    Museo Vasa  Galeón del S. XVII hundido nada más botarse, rescatado y expuesto en un Museo. Esta en la isla Djurgärden. Gratuito con la Stockohlm a la Carte.
    Skansen  Parque temático de la forma de vida escandinava.
    Catedral de Estocolmo   
    Ayuntamiento de Estocolmo
    Torre del Ayuntamiento  
    Palacio Real  
    Museo Nacional de Bellas Artes
    Paseo en barco Paseo en barco 1     

    EXCURSIONES DE UN DÍA cercanas a Estocolmo
   
    Uppsala ,Uppsala 1 y Uppsala 2 Alberga la Universidad más antigua de Suecia (1477). Está a unos 70 km de la capital.                
    Sigtuna ,Sigtuna 1  y Sigtuna 2  Pequeña ciudad situada a 50 km de Estocolmo   
    Birka, Antigua ciudad vikinga patrimonio de la Humanidad. Hay que ir en Barco, que se pueden coger de los muelles que ofertan excursiones en barco.
    Para las dos primeras excursiones, podremos coger una autbús desde la T-Centralen (Estación Central de autobuses, metro y trenes). Esta excursión se puede hacer en barco de manera gratuita, presentando la Tarjeta Estocolmo a la Carta
      
  DIARIO DE VIAJE A ESTOCOLMO
       

 Día 1. VIERNES 8 DE OCTUBRE    

  Nos vamooooosssssssss.
En el avión, a punto de despegar hacia el aeropuerto sueco de Skavasta.       
              
        A las 18 horas habíamos quedado todo el grupo en el aeropuerto para facturar el equipaje, pasar el control de seguridad y tomarnos unas cervezas antes de embarcar. Un Pub de corte irlandés, se convirtió por unos instantes en nuestro punto de reunión y  agradable tertulia, antes de tomar rumbo a la península escandinava.

 

La salida la teníamos programada para las 19:40 horas, si bien, finalmente despegamos a las 20 horas en punto, llegando sobre el horario previsto, las 23:30, a un aeropuerto, el de Skavsta, a 120 Km. de la capital (80 minutos), que más parecía del tercer mundo que de la propia Suecia. Nada más bajar del avión comenzamos a sentir en nuestros cuerpos el intenso frío que no nos abandonaría ningún día, pese al sol reinante de casi todas las jornadas. Era una fría noche, de mucha niebla, en un aeropuerto muy pequeño, que parecía antiguo y desvencijado. Como es habitual en Ryanair, bajamos en medio de la pista, y nos trasladamos caminando a la terminal de llegadas para recoger nuestras maletas. Seguidamente, un autobús de la compañía Flygbussarna (235 kr/23€ i/v) que cogimos a la salida de la terminal, nos dejó en la City Terminalen (Estación de autobuses) sobre la 1:30 horas. Tras un ligero despiste por problemas de orientación, fuimos hasta la T-Centralen para coger un metro (indicados por una T, de Tunnelbana) que nos llevaría a una estación cerca de nuestro Hotel, el Best Western Kom. Sobre las 02:15 horas, por fin llegamos a nuestro destino.
        Hicimos el check-in, nos dieron las habitaciones en un edificio anexo, y nos despedimos hasta el día siguiente.

Día 2. SÁBADO 9 DE OCTUBRE

        Quedamos a las 9 horas. Habíamos llegado muy tarde, y teníamos que descansar un poco más si queríamos estar descansados el resto de días.
        El desayuno en el hotel era abundante y variado: revueltos de tortillas con gambas, las famosas Kötbullar (albóndigas suecas), salchichas, embutido, arenques marinados, tostadas, zumos y cafés. Tras la ingesta y paso por las habitaciones para cuestiones de última hora, bien abrigados y cargados con ligeras mochilas, comenzamos nuestro primer día en Estocolmo.

Ayuntamiento. Lugar de celebración de la cena en honor a los Premios Nobel
Salón azul del Ayuntamiento. Aquí tiene lugar el baile en honor a los premios Nobel

           Día soleado, de unos 10 grados y mucha humedad al estar la ciudad rodeada de agua. Antes de acudir a la Oficina de Turismo, frente a la Central Station, pasamos por la plaza Hotorget, convertida por las mañanas en un animoso mercadillo de frutas, setas y flores, y algún que otro puesto de ropa, aunque esta plaza, si por algo es conocida a parte de por el mercadillo, es por albergar  el Konserthuset, el edificio donde se entregan los premios Nobel. A continuación, caminamos hasta la Oficina de Turismo, donde nos dieron información puntual sobre visitas turísticas y excursiones, y donde nos recomendaron comprar la Stockholm Card para dos días (60€) que nos incluía entradas gratuitas a museos, descuentos y viajes ilimitados en medios de transporte.
         Con la tarjeta en nuestras manos, nuestro primer destino fue el Ayuntamiento, lugar de celebración de la cena y el baile de honor en la entrega de los premios Nobel. Al estar ese día cerrado, no tendríamos más remedio que volver al día siguiente a las 10 de la mañana para hacer la visita. De todas formas, hicimos las fotos de rigor y acudimos al Casco Antiguo, a Gamla Stan, la isla que separa el mar Báltico del lago Mälaren. Con la tarjeta visitamos el Palacio Real (recomendado), que nos llevaría cerca de una hora, y luego el barrio antiguo. Deambulamos por sus adoquinadas y medievales calles repletas de tiendas de souvenirs y restaurantes, haciéndonos fotos y grabando videos, hasta que se nos hizo hora de comer. Después de sopesar en cuál entrábamos, dimos con uno que no nos defraudó, el Glenfiddichwarehouse, -Ardbeg Embassy- en pleno corazón del Casto Antiguo -Gamla Stan-, y donde comprobamos una vez más el mito de que en el resto de Europa es imposible comer a partir de las 13 horas. Comimos salmón y arenques marinados (con mostaza, eneldo y clavo, y nata), de entradas, y de platos: las albóndigas suecas, salmón y carne, todo regado con pintas de cerveza local. Precio total, contando con que nos tomamos dos pintas cada uno, 40.-€ pareja. Un precio más que razonable para lo que comimos, pero sobre todo, por donde nos lo comimos.

Restaurante de Gamla Stan. Esperando el Salmón, los arenques y las albóngigas

Típico y tradicional plato de Salmón sueco
         Anduvimos nuevamente por Gamla Stan, deleitándonos con un café y algo dulce en una de las múltiples cafeterías allí ubicadas, y nos dirigimos en agradable paseo hasta el puerto de Nibrokajen a intentar hacer una visita en barco por las 14 islas que componen Estocolmo. No había sitio, por lo que cogimos turno para el día siguiente a las 16:30 horas. Con nuestro gozo en un pozo, continuamos nuestro peregrinar por la zona más exclusiva de la ciudad, Strändvagen, hasta llegar a la isla de Djugarden, morada del Museo Vasa, el parque Skansen y Junibacken entre otros, que ya este primer día, vimos por fuera. La isla alberga un bosque espectacular, de abetos, hayas, alces o robles, que en esta época del año mantenían unos colores otoñales evocadores, preciosos. El sol nos iluminaba, que no calentaba, mientras caminábamos por frondosos senderos y observábamos típicas construcciones escandinavas. El cansancio comenzaba a incidir en nuestros cuerpos. Nos habíamos acostado tarde, levantado relativamente pronto y habríamos recorrido ya bastantes kilómetros, que es lo que siempre suele ocurrir el primer día de viaje, el día de la toma de contacto de la ciudad.

Isla de Djurgarden
Parques de Djurgarden



Junibacken. La casa de Pipi
        Volvimos al hotel en metro, no sin antes pasar por un Lidl a comprar provisiones para la cena que nos prepararíamos en uno de los salones del hotel. La cerveza que adquirimos de sólo 3.5º, que es la que venden en las tiendas sin control estatal, las enfriamos, simplemente, colocándolas en la ventana, pues en la calle reinarían los 2 ó 3 grados. De todas formas, en la recepción del hotel pudimos comprar la marca nacional Mariestad (ésta sí de 5.3º/5€) para introducirnos en el apasionante mundo de las cervezas nórdicas, pero no todo fueron cervezas, porque nuestro amigo Titín nos sorprendió a todos con una botella de Ribera del Duero que buena cuenta dimos de ipso facto, y que nos sirvió de empuje a una visita nocturna al cementerio del siglo XVIII y XIX que teníamos frente al hotel, junto a la iglesia luterana Sankt Johannes Kyrka. Como os podéis imaginar, las nerviosas risas y las bromitas surgieron enseguida. Ahora bien, sólo el frío reinante nos hizo abandonar la gótica visita y buscar el abrigo de nuestras habitaciones. Mañana sería otro gran día.

Día 3. DOMINGO 10 DE OCTUBRE

         Quedamos a las 8 de la mañana, como siempre. Desayuno, paso por las habitaciones y rumbo al Stadshuset, al Ayuntamiento. A las 10 pudimos hacer la visita guiada en inglés al Ayuntamiento que a más de uno desilusionó, en cuanto a decoración interior. Por fuera, su característica silueta de miles de ladrillos cara-vista de color rojizo con su imponente torre, perfilan un horizonte capitalino de edificios no muy altos, donde sólo destacan los torreones de los palacios y las agujas y campanarios de las iglesias.
         Sin dilación, primero un metro y luego un tranvía (el 7 creo recordar), nos dejaría nuevamente en la isla de Djurgarden para realizar la visita al Vasa, al galeón del año 1626 que se hundió nada más botarlo y que fuera rescatado en 1961 casi intacto. Desde luego, una visita perfectamente recomendable.

Museo Vasa

     Antes de comer pasamos por la plaza Stortorget que habíamos visitado la noche anterior, sede del museo Nobel y de luctuosos acontecimientos nacionales en el pasado. Teníamos hambre, no nos decidíamos, hasta que finalmente bajamos a la calle principal de Gamla Stan, la Vasterlanggatan, en la que dimos con un buen restaurante donde degustar más de lo mismo: arenques, salmón, marisco y albóndigas suecas regadas con cerveza local. El elegido fue el Sundbergs konditori  y está considerado como el  tea room o el restaurante pastelería más antiguo de Gamla Stan. No obstante, y como suele ser ya habitual en nuestros viajes, antes de la comida degustamos unos frutos secos españoles con la fría cervecita escandinava. Finalizado el almuerzo, sorbimos un café de camino y tomamos nuevamente rumbo al embarcadero en Nibrokajen. A las 16:30 en punto, pues en Estocolmo los medios de transporte son "exactamente" puntuales, hicimos la visita en barco a la ciudad. Durante cerca de una hora recorrimos por el mar Báltico las islas de que componen la capital de Suecia, contemplando los preciosos parques y los espectaculares edificios de madera que iban decorando parte del trayecto. 

Embarcadero de Nibrokajen. De aquí parten
los cruceros turísticos
        El paseo por las riberas de las 14 islas que componen la ciudad de Estocolmo, constituye una verdadera experiencia, rodeados de arte y frondosos bosques, que convierten el paseo en un momento de relax y tranquilidad.

Paseo por Gamla Stan hasta el embarcadero, con la isla de Skeppsholmen al fondo

Al finalizar las excursión sobre las 17:30, optamos esta vez por subirnos a un autobús para visitar Soderlman; la isla que está unida al sur de Gamla Stan por Slussen, un sistema de puentes y carreteras que a nadie agrada. En esta isla se desarrollan las películas de la saga Milenium, y supuestamente, es la zona bohemia, de artistas, pero que a nosotros nos defraudó un poco al no ver nada, absolutamente nada, destacable. Incluso la arquitectura, que en toda Estocolmo es digna de mención al mantener un mismo estilo de corte antiguo y elegante, era aquí totalmente diferente. Lo más destacable fue, si acaso, la subida (gratis con la tarjeta) al Katarinahissen, una alto mirador a la entrada a Soderlman, en donde pudimos tomar espectaculares fotos de la ciudad.

Plaza de Stortorget, en Gamla Stan Gamla Stan desde el Ayuntamiento

     Un metro nos llevaría a la plaza de Sedgels Torg, la del famoso pirulí rosa. Aquí intentamos que desde España algún familiar o amigo se conectara a una Webcam para poder vernos, pero esta vez no dio resultado. Deambulamos por la zona, visitando algún parque y la zona de Östermalm, el barrio exclusivo de la capital, haciendo tiempo hasta las 8 de la tarde que teníamos hora para entrar en el Absolut Ice Bar, en el Nordic Sea Hotel. Por unos 18 € por persona, pudimos disfrutan de un entorno a -5º rodeados de hielo, abrigados por gruesas pieles y con una agradable música que nos invitó a entregarnos al baile durante unos minutos. La entrada incluía copa, por supuesto, de hielo, y consistía en una copa de Vodka o cóctel preparado por un camarero, rubio, alto y de ojos azules, como la mayoría. A los 40 minutos abandonamos el frío PUB y acudimos a un cálido McDonalds a cenar, comprobando que los precios eran casi los mismos que en España.

ICE BAR
ICE BAR





Unas risas a -10º
               Volvimos al hotel.
         Las cervezas que habíamos dejado en los balcones estaban congeladas. Las sacamos, también algo de frutos secos, y en agradable velada en el saloncito de costumbre, nos las tomamos entre risas, historietas y batallitas.
         A dormir.

Día 4. LUNES 11 DE OCTUBRE
   
     Desayuno a la hora acostumbrada. Este sería el día de la excursión que solemos hacer donde vamos, con el firme propósito de conocer algo más de la ciudad que visitamos, intentando siempre comprobar la parte que hay más allá de la turística y ver cómo realmente viven y son los suecos. Teníamos varios destinos, pero al final, aconsejados por la Oficina de Turismo elegimos el pueblo vikingo de Sigtuna, a unos 60 Km. de distancia.

Calle principal de Sigtuna

Paseando por sus tranquilas calles

Sobre las 09:40 subimos en un tren de cercanías en la Estación Central de Trenes, la Central Station, indicados con la J, que nos dejaría en la ciudad de Märsta, y de allí en el autobús 575 a Sigtuna. Este pequeño pueblo de pocos habitantes, está situado en la ribera del lago Malaren. Cuenta con una arquitectura característica, de colores ocres, grandes ventanas con flores en sus alfeizares y pequeños jardines con manzanos. El paseo por el tranquilo pueblo y por la zona lindante con el lago es bucólico, relajante. No hay ruido, apenas el producido por las ramas de los frondosos árboles o por la multitud de ánades que allí descansan. ¿Y el paisaje...? digno de un documental de naturaleza, de frondosos y altos bosques de hoja caduca. Allí el stress es 0 y la comida buena y barata. Por un menú consistente en ensaladas (la cantidad que querías), carne o pescado, cerveza y agua, más café (self-service) con pastas, 9 € por persona. Una vez más, nos dimos cuenta de lo caro que es vivir en España, y que Suecia ya no es tan cara como hace años.
         Nada más comer regresamos a Estocolmo, llegando a la Estación Central sobre las 4 de la tarde. Continuamos en metro hasta Gamla Stan para dedicar la tarde a las compras y regalos, que poco a poco fuimos acaparando, pues todos queríamos llevarnos un recuerdo de nuestro paso por la capital nórdica, destacando entre todos los recuerdos, un caballitod de madera pintado, convertido en símbolo nacional. Todavía tuvimos tiempo de visitar, en el barrio “pijo” de Österlman, un H&M y un NK, una gran superficie similar a nuestro Corte Inglés. De vuelta, compramos en un supermercado sueco víveres y bebida para la cena de esa noche que, como estaba siendo habitual en este viaje, prepararíamos en nuestro saloncito. La cena y bebida, dieron paso a una, como siempre, agradable y entretenida tertulia entre amigos, hasta cerca de las 11 de la noche. Esta seríala última, y de momento, todos manteníamos un alto grado de satisfacción.
        
Un de los muelles del pueblo
En un embarcadero, junto al lago Mälaren


Día 5. MARTES 12 DE OCTUBRE

        Último día. Quedamos a desayunar a la misma hora, pero con la intención de salir antes de las 9 horas del hotel. El avión nos sale de Skavsta a las 15 horas, y queremos coger el autobús en la City Terminalen a las 11.30 para estar en el aeropuerto sobre las 13 horas, pero para cumplir con este horario deberemos salir del hotel un poco antes de las 11 de la mañana, ya que la estación de autobuses se encuentra a unos 15-20 minutos caminando.
         Nos dirigimos al mercadillo de Östermalms Saluhall, a unos 20 minutos en dirección Este, no sin antes desviarnos hacia la plaza Stureplan, la zona de tiendas exclusivas y de diversión de la alta sociedad. Al llegar antes de la hora de apertura, las 09:30 horas, dimos una vuelta por el barrio y entramos en la iglesia Sankt Johannes Kyrka para hacer tiempo y comprobar el estilo de los templos luteranos, que en mucho se diferencian de los católicos, si bien, mantienen en común los mismos signos. Este pequeño mercado está especializado en gastronomía típica del país, desde pescados como el salmón o el arenque elaborados de mil formas, a las carnes tradicionales del país con la de Reno o Alce. Como característica destacable, resulta curioso ver en muchos de los puestos del mercado pequeñas barras, e incluso mesas, para comer o degustar cualquiera de las delicatessen que allí se ofertan. Compramos reno, salmón y alguna especialidad más, y regresamos a por las maletas.

Plaza del Mercadillo de Saluhall
Puestos típicos de comida sueca. Saluhall

         A las 11:10 ya estábamos en el embarque nº 4 de la City Terminalen, saliendo puntualmente a las 11:30 en dirección al aeropuerto de Skavsta. Una vez allí, facturamos y pasamos el control de seguridad, previo peso del equipaje de mano (sólo de las maletas), con relativa rapidez. Al entrar en la zona de embarque, nos acercamos al único bar del aeropuerto, donde varias pintas de cerveza con almendritas nos sirvieron de despedida de esta simpática ciudad, que siempre recordaremos, entre otras cosas, por el frío, que al menos yo, pasamos.
      Para  ver más fotos del viaje, entra en nuestra cuenta de FLICKR
      Nueva dirección FLICKR (a la espera eliminación anterior cuenta flickr)


    Ahora, como siempre sucede, nos queda el recuerdo, bonitas fotos y emotivos videos, y cómo no, dentro de poco comenzaremos a preparar el próximo viaje, que promete deparar alguna sorpresa, porque algunos miembros del grupo de viajeros ya están apuntando la posibilidad de visitar al año que viene algún país……. más cálido.
           

                                                                                




domingo, 4 de abril de 2010

VIAJE A DISNEY PARÍS. Del 4 al 9 de abril de 2010

PARTICIPANTES: Inma, Felo y Laura, y Rafi, Mª Ángeles, Sergio y María
DÍAS: Del 4 al 9 de abril
HOTEL: Hotel Asociado Kyriad -incluido el  breakfast-
TRANSPORTE: Air Europa:  IDA: 4/04/2010 a las 08:40 h (1h, 45 min de vuelo)
                                           VTA: 9/04/2010 a las 13.40 h (1h, 38 min de vuelo)
                         Tren: Alicante-Barna el 3/03/2010 (familia Costa)
                                  Barna-París el 3/04/2010, llegando el día 4 sobre las 8.30h de la mañana a la estación de Austerlitz
                                  París-Barna el 9/04/2010
                                  Barna-Alicante el 10/04/2010, llegando a la Estación de Alicante a las 16.45 h.


Entrada al Parque

DIARIO DE VIAJE

SALIDA: El sábado 3 de abril salió en tren la primera expedición con destino a París, conformada por la familia Costa-Castillo, con el siguiente itinerario: Alicante-Barcelona-Austerlitz (París).

El segundo grupo formado por Felo, Inma y Laura, salió del aeropuerto de Alicante el domingo 4 en vuelo de Air Europa a las 08.40, llegando a París Orly a las 10.30h. Seguidamente, un autobús de la empresa VEA (son rojos), que se coge al salir de la Terminal de llegadas, nos llevaría a la Estación de Autobuses de Marnè Le Valle-Chesy (junto al parque) en poco más de hora y media, a razón de 18€ los adultos y 14€ los niños. Sin embargo, la odisea no había terminado, porque tuvimos que coger aún autobús rosa articulado que nos llevaría definitivamente al Hotel.

REGRESO: Felo, Inma y Laura el viernes 9 de abril en vuelo de Air Europa a las 11.40, aterrizando en Alicante a las 13 horas aproximadamente. El resto del grupo llegaría el sábado 10 a las 16.45 horas.


            Los tres primeros días los pasamos entre los 2 parques Disney, el Disneyland París y el Walt Disney Studios. En los Estudios comprobamos cómo se hacen algunas películas, como fue el caso de Armagedon; vivimos con personajes de dibujos animados unos episodios en directo en PlayhouseDisney Studios, presenciamos el desarrollo y la realización de películas de acción con coches, y contemplamos tiernas películas Disney que interactuaban con el público. Como plato fuerte, aunque sólo lo disfruté, la Torre del Terror, pues nadie más quiso venir conmigo y experimentar la caída libre del ascensor, o ver largos pasillos de hotel abandonados y repletos de… fantasmas.

    Comimos en los Estudios 1, repletos de tiendas y restaurantes. Menú de Hamburguesa, patatas y bebida por 10€ los adultos, y 6€ los niños. Más o menos, como aquí.

En el Walt Disney Studios


             El parque Disneyland París, el mejor. Un viaje a la infancia, al pasado, un recorrido por el mundo mágico Disney, de Princesas, aventuras y viajes galácticos.

           

Main Street
Con la Princesa Ariel/Sirenita



            Fantasyland. La Tierra de la Fantasía, donde las Princesas hacen las delicias de los niños, y los mayores. Casas de cuento. La de Pinocho, la de Blancanieves, el Castillo de la Bella Durmiente, atracciones como la de Peter Pan, donde subidos a una barca, sobrevolamos Londres y el País de Nunca Jamás. El Laberinto de Alicia en el País de las Maravillas o el Crucero por las canciones del mundo en la atracción It’s a small world. Simplemente, fascinante. Un lugar de ensueño, donde los sueños, para algunos, se pueden hacer realidad.

 
Con Bella
            Discoveryland. Atracciones galácticas, simuladores de vuelo en plena Guerra de las Galaxias, el submarino de Nemo, los coches de Atopía o la montaña rusa Space Mountain, a la que monté y me quedé con el mal cuerpo todo el día.
           Main Street. Reproducción fidedigna de una ciudad de Estados Unidos de principios de siglo. Está todo cuidado al mínimo detalle: lámparas de gas, artesonados, forja, materiales nobles.

       Adventureland. La tierra de los piratas, de Indiana Jones. Bazares exóticos. A destacar, el gran árbol de Robinson Crusoe, o la atracción de los Piratas del Caribe, en la que recorres poblados piratas en plena noche, e inmersos en una frondosa jungla.

                 Frontierland. El lejano Oeste, la Casa Psicosis en Phanton Manor, la Montaña Rusa Big Thunder o un paseo el Barca de Vapor por un río del Oeste.


Qué cansados que estábamos...


            El Hotel Kyriad, es un Hotel Asociado de los parques Disney. Reproduce las casas típicas de la Francia Rural, y estaba compuesto por dos alas de habitaciones y un módulo independiente para desayunos y comidas. En uno de los bloques se encontraba la Recepción, con personal amable y dispuesto, que entendían (la mayoría) el español, el Bar donde cada noche sorbíamos una deliciosa pinta, y una pequeña tienda. Los edificios de habitaciones eran largos, de dos alturas, suelos enmoquetados y confortable. Las habitaciones disponían de cama de matrimonio y literas, un cuarto de baño completo, TV y armarios. Echamos de menos la neverita para meter fiambre o batidos para los niños.

El Hotel Kiriad
            Cada mañana un autobús malva nos recogía en las puertas del Hotel y nos dejaba en la Estación de Marnè le Valle –junto al Parque- en unos 5 minutos. Estos autobuses de la empresa Pep’s, tienen una frecuencia de poco más de 10 minutos en ambas direcciones, por lo que es un medio de transporte ideal para ir y venir del parque, y gratis. 
 
             Los desayunos los teníamos incluidos en el precio -los niños no pagaban-. Al haber tanta gente, teníamos que indicar el horario de desayuno, siendo el nuestro el comprendido entre las 8-8.30. A partir de las 8.30, las colas de entrada al comedor eran considerables. Para beber: zumos, cafés e infusiones, y para comer: fiambre, queso emmental, huevos duros, yougueres, pan, tostadas, napolitanas y lo mejor de todo, cientos de los típicos y sabrosos cruasanes franceses. El salón estaba en un edificio independiente a los dos que albergaban las habitaciones. Era grande, espacioso, con vistas a un lago, en medio de la típica campiña francesa. Nosotros siete, es decir, Rafi, Mª Ángeles, Felo, Inma, Serguio, María y Luara, ocupábamos cada mañana una larga mesa, junto a la ventana, con unas inmejorables vistas, y aunque muchas mañanas amanecían nubladas o con una fina lluvia, gozamos casi todos los días de sol y buena temperatura.

           

Entrada a la casa de Blancanieves
Con Minnie



             Hicimos dos comidas en los Parques. En el Estudio 1 (Restaurant en Coulisse) de los Walt Disney Estudios, y en La Fuente de Oro en Frontierland, un restaurante de cocina mexicana  PLENAMENTE RECOMENDABLE. El menú adulto (12€) se componía de 3 fajitas o bandeja con fritura mexicana (alitas, aros cebolla y pimientos rellenos de queso), guacamole, patatas fritas o ensalada, postre y bebida. El de los niños (5€), consistía en hamburguesa o salchichas, patatas, postre y bebida.

            La tercera comida del parque fue de subsistencia, a base de bocatas previamente preparados con víveres traídos de tierras íberas, y cerveza comprada por el cuñao y un servidor en la Estación de Trenes/Buses que hay a la entrada del Parque. Aconsejamos al lector que visite este pequeño supermercado, para comprar agua (1.90€/1.5l de Evian) o cerveza Kronenburg  (1.90€ bote de medio litro).

             A media mañana almorzábamos los bocadillos o cruasanes que nos preparábamos en el desayuno del hotel.
           
            Las cenas las hacíamos siempre en el Hotel. Primero nos relajábamos en el bar del Hotel Kyriad, degustando unas frías pintas de cerveza a unos 6€ cada una, y eso que llevábamos bonos descuento de bebidas, que una amable recepcionista del hotel (española), nos dio la primera noche. Para acompañar la bebida, que mejor que cacahuetes, almendritas y salchicha de Pascua. Aprovechábamos la coyuntura para que nuestros hijos se tomaran algún batido y algo de cenar, galletas, cereales o algo similar, pues a nosotros la cerveza solía quitarnos el hambre, limitándonos más tarde en la habitación a picar cualquier cosa. Eso sí, una noche sí hicimos cena comunitaria, aportando cada familia algo de embutido.

        El jueves 8 y el viernes 9 tocó París. Nos sacamos la tarjeta Mobilis los adultos (14€/cada día), y la Paris Visite los niños (14€/dos días), que nos permitía ir y volver de París, y hacer uso ilimitado de la red de metro, buses y RER de las áreas comprendidas 1-5. Incluso la utilizamos para subir en Funicular al Sagrado Corazón.

            Un día comimos en el típico Bistrot del Barrio Latino. Sopa de cebolla, filete con salsa de pimienta y quesos de postre, todo regado por agua del grifo eau de robine (todo el mundo la pide, ya que la bebida suele ser cara) y vino a granel. Los niños, creppes de jamón y queso, pechuga de pavo y helado de postre. Todo por 76€; un precio más que razonable. El segundo día de comida en París fue en un McDonald. Nada que decir. Igual que aquí.

Plaza de la Concordia
            Sirviéndonos de buenos mapas y guías, de la extensa red de metro, y del hecho de que Inma y yo visitamos París hacía unos 4 años y lo teníamos todo algo reciente, guiamos al grupo por la capital francesa visitando:

            Miércoles 5: Isla San Luis, Notre Dame, Louvre, Jardín Tullerías, Plaza Concordia, Plaza Madeleine, Plaza Vendome, Ópera Garnier, Almacenes Lafayette.

          Jueves 6: Arco Triunfo, Trocadero, Torre Eiffel, Molin Rouge, Monmartre, Plaza Pintores, Au Alpin Agile -el primer cabaret de París-,  y el primer y único viñedo de París, también en Monmartre. Para finalizar la jornada y la visita a la ciudad de la luz, cogimos de nuevo el metro y fuimos a ver la Torre Eiffel iluminada. El RER nos llevaría de vuelta al Kyriad.


Foto de familia, delante de la Torre Eiffel
           El viernes 9 de abril, cogimos un autobús VEA a las 8:30 de la Estación de Autobuses de Disney, que nos llevaría ¡¡en 2 horas!! a la terminal Ouest de Orly. El tráfico en el área de París es intensísimo, por lo que se recomienda hacer el traslado al aeropuerto con una antelación más que suficiente.

           El avión salía a las 11.40, y hasta que no llegamos a la Terminal de Salidas -a las 10:30-, no tuve la plena certeza de llegar en tiempo al embarque. Una incidencia de última hora nos retrasó si cabe más aún, pues la policía nos informó del cierre de la Terminal y de que debíamos ir hasta la Terminal Sud. Y así lo hicimos, si bien, cuando llegamos nadie nos dio ninguna explicación, asegurándonos de que no podía estar cerrada la Ouest. No entendíamos nada. Corriendo subimos al Orlyval (tren articulado pequeño que comunica las dos terminales), que nos dejaría de nuevo en la Terminal de Salidas/Ouest, donde por fin facturamos y nos entregaron las tarjetas de embarque.

            Rafi, Mª Ángeles y los niños, tuvieron que esperar a las 8 de la tarde del mismo viernes a tomar el Tren que les llevaría a Barcelona, y de aquí a Alicante, con la suerte de haber podido coger el que hacía “los servicios mínimos” al estar en huelga el Servicio de Tren Francés.

            Por nuestra parte, en el 2014 ó 2015 volveremos a Disney, pero con nuestro peque Jorge, aunque seguramente ya no visitaremos París.
            Fotos del viaje a Disney Parín, en nuestro álbum de FLICKR
            FIN DEL VIAJE, y hasta
el próximo.

domingo, 11 de octubre de 2009

VIAJE A DUBLÍN. Del 8 al 11 de octubre de 2009

PARTICIPANTES: Inma y Felo, Antonelo y Rosa, y Vicente y Gemma
DÍAS: Del 8 al 11 de octubre
HOTEL: Hotel Maple 3*-incluido el full irish breakfast-
TRANSPORTE: Ryanair: IDA: 18:30-20:00
                                      VTA: 14:00-16:15
 
   


¡VIVA LA GUINNESS! es lo primero que podríamos decir a nuestra vuelta de Dublín. Esta cerveza lo envuelve todo, desde la bebida, por supuesto, a la cocina, el deporte o los souvenirs, pero no todo fue beber cerveza -o sí?-.
   

DIARIO DE VIAJE



DÍA 1. Jueves 8 de octubre

A las 18:30 salía con 25 minutos de retraso, nuestro vuelo de Ryanair al aeropuerto internacional de Dublín. Nada más aterrizar a las 20 horas, retrasamos una hora nuestros relojes y nos enfundamos jerseys y cazadoras para protegernos del frío reinante. Habíamos pasado de las bondades del clima alicantino, con sol y unos 25º, a nubes y 10º.
Los trámites de recogida de equipaje fue rápido. Salimos de la terminal y enseguida dimos con el Bus Aerlink 747, que por 6 euros por persona -el tique lo sacamos en una máquina expendedora- nos dejaría en 20 minutos en la Estación Central de Autobuses "BusAras" de la capital irlandesa. Bajamos del autobús de dos plantas y recorrimos caminando los escasos metros que nos separaba de nuestro Hotel Maple, en la Low Gardnier Street.  De tres estrellas, era lo que justo buscamos cuando vamos de viaje: céntrico, limpio, que incluya desayuno y buen precio. Quizá las habitaciones eran algo pequeñas, si bien, cumplía perfectamente nuestras expectativas.

Nuestro Hotel Pub Gogarty. Aquí cenamos dos veces
     Pagamos por adelantado la tarifa que habíamos reservado con antelación por Internet, dejamos las maletas y caminamos abrigados en dirección al Casco Antiguo de Dublín, más conocido por  Temple Bar . El barrio está al lado del río Liffey, y por sus calles deambulan miles de personas en busca de un PUB, un sitio donde comer o escuchar buena música irlandesa. En esta nuestra primera noche en Dublín, entramos en el PUB Oliver St. John Gogarty, catalogado en algunas guías como uno de los mejores, y buena fe dimos de ello. Con nuestra primera Guinness en las manos, envueltos en un ambiente cordial de un típico PUB irlandés, -muy parecido a los que tenemos aquí, pero sin tanto adrezzo y tanta decoración-, entre unas paredes de más de 200 años y con las ganas y entusiasmo de haber comenzado nuestro viaje, tuvimos nuestro primer contacto con la cocina irlandesa. Guisos con Guinness y Fish & Chips deliciosos, crujientes, fueron nuestra primera cena, que seguiría con alguna cerveza más (entre 4.5 y 6€ la pinta), allí mismo, y en el Pub más famoso de todos; el que da nombre -o al revés-  al barrio, el Temple Bar.  Serían cerca  de las 12 de la noche, cuando decidimos regresar al hotel por la ribera del río, atravesando el famoso Halfpenny Bridge, que debe su nombre al hecho de que en el siglo XIX se cobrase medio penique a quienes quisieran atravesarlo.
El Pub que da nombre al barrio, o al revés

De camino nos dimos cuenta de la cantidad de gente que se desplazaba de un Pub a otro, siendo el Spire, un pirulí o cono de acero de 120 metros de altura situado en O'Connell Street, un punto de encuentro para la mayoría de turistas y dublineses.
A dormir.

DÍA 2. VIERNES 9 de octubre

Como ya es habitual en nuestros últimos viajes, el primer día suele ser terrible, ya que nos pasamos casi todo el día caminando. Debido a nuestro afán por ver y conocer a fondo la ciudad, nos marcamos una ruta al principio, que solemos -y lo hacemos- variar sobre la marcha.   A las 8.30 de la mañana habíamos quedado todos en el comedor para dar buena cuenta del Full Irish breakfast, es decir, de un completo desayuno irlandés compuesto por judías, huevos fritos, salchichas, bacon y algo parecido a una morcilla picante, y para beber, zumos y café con leche.

Río Liffey

Trinitty College
Es de reseñar que todos los miembros de la expedición pedimos, las tres mañanas, el mismo desayuno -que se podía suplir por tostadas con mantequilla-, aunque no todos estuvieron dispuestos a probarlo todo. Como digo, habíamos quedado a las 8.30 de la mañana, pero debido a que ni Inma ni yo cambiamos la hora del móvil que utilizaríamos de despertador, éste nos sonó una hora antes, de manera que desde las 7 de la mañana estuvimos merodeando por las calles dublinesas.
El día amaneció como casi todos, gris. Se pronosticaba lluvia, y llovió todo el día. Ningún problema. Chubasqueros y paraguas al poder, y a recorrer Dublín. Cruzamos el río y nos dirigimos al Trinity College, la Universidad más antigua de Irlanda, fundada por Isabel I en 1592. Parecía que estuviéramos en una de las películas de Harry Potter, en medio de un Castillo medieval, en un ambiente lúgubre, con frío, con lluvia. Entramos en varias estancias, destacando la antigua biblioteca, la Long Room, que almacena más de 200000 volúmenes históricos y sobre todo el Libro de kells, un manuscrito ilustrado del año 800 redactado por monjes celtas, que reúne los 4 evangelios del Nuevo Testamento.

Trinitty College
Salimos por donde entramos, no sin antes visitar el Aula Magna convertida en improvisada biblioteca, y caminamos por una de las calles peatonales con mayor vida comercial, Grafton Street, donde tuvimos que pararnos en una cafetería a tomarnos un café, entrar un poco en calor y hacer una pausa en el camino. En la calle seguía lloviendo, al tiempo que la gente seguía haciendo su vida, no como aquí, que si caen 2 gotas suspendemos cualquier tipo de actividad. Hicimos como los dublineses, tomarnos el café por la calle; por la misma que nos llevaría al hermoso, solitario y bucólico St Stephen's Green, uno de los pulmones verdes de la ciudad. Me recordó el Hoftgarten de Dusseldorf, muy parecido, con grandes árboles de hoja caduca en todos ocres, con olor a humedad, paseando por una alfombra de fresco y bien cuidado césped repleto de hojas secas, y con un lago salpicado de ánades que lo convertían en un verdadero remanso de paz.

Panorámica del bucólico Stephen Green

Stephen Green
La lluvia arreciaba, pero no podíamos perder tiempo protegiéndonos de la lluvia. ¿Y si no para...?  Continuamos deambulando por el parque, saliendo por uno de sus extremos para recorrer el pintoresco barrio Georgiano, tan característico por sus artísticas puertas de colores. Un nuevo alto en el camino nos condujo a unos Grandes Almacenes junto al parque, el St. Stephen's Green Shopping Center, en la confluencia de Grafton Street y King Street, del que nos llamó la atención el buen uso dado a la luz natural, pese a estar nublado.
Nuestro siguiente destino sería la parada de autobús en Dame Street que nos llevaría a la Guinness Store House, no sin antes detenernos en algunos puntos de interés de la ciudad, como un mercadillo cubierto en el que vendían objetos artesanales y de segunda mano. Al llegar a la Bus stop, preguntamos a una amable señora cuál era el autobús que nos llevaría a la fábrica de cerveza, pero nos indicó que perfectamente podríamos ir andando. Solamente tendríamos que caminar unos quince minutos por la calle Dame hasta coger Thomas street, que nos conducirá a St. James Gate, la fábrica de cerveza Guinness. Y así lo hicimos, aunque no fueron sólo quince minutos, sino unos cuantos más. Al menos vimos más cosas de la ciudad como el Ayuntamiento o la Christ Church Catedral, una de las dos catedrales de Dublín que ampara las confesiones protestantes y católicas. Por cierto, pese a intentarlo un par de veces, no pudimos entrar a verla.

Christ Church
Seguía lloviendo, nos estábamos calando y nos acordábamos de la mujer que nos dijo que no estaba muy lejos caminando. Por fin vimos un gran cartel negro con la palabra Guinness, que nos indicaba que ya nos quedaba menos. Al girar por una calle de altas tapias de ladrillo, vimos chimeneas humeantes -por el tostado de la cebada-, camiones negros de reparto, enormes depósitos de almacenaje e infinidad de turistas que se dirigían a la puerta de entrada.

Llegando a la fábrica Guinness
Llevábamos 4 invitaciones que nos había gestionado nuestro amigo Vicente en Alicante, de forma que sólo tuvimos que pagar entre los seis, dos, a razón de 15€ cada uno. Carísimas. Unas audio-guías en español (free) nos mostraros toda la historia y el proceso de elaboración de la cerveza –un tostón-, hasta que llegamos al laboratorio, en el que, supuestamente, deberíamos apreciar las características visuales, olfativas y gustativas de tan apreciada bebida. Unos vasitos servirían para hacer la prueba, o para paliar la sed a otros, verdad?. Proseguimos nuestro ascenso por las 7 u 8 plantas de la antigua fábrica (ahora se elabora en otra que hay enfrente) y alcanzamos el Gravity Bar, un ático circular completamente acristalado, desde el que se observa todo Dublín. Allí arriba degustamos una Guinness (free), aunque si hubiéramos querido, nos la podríamos haber “tirado” nosotros mismos una planta más abajo.

Como en nuestro anterior viaje a Alemania echamos en falta unos cacahuetes o similares entre cerveza y cerveza, decidimos que esta vez no nos ocurriría lo mismo, de manera que nos llevamos unos frutos secos para ayudarnos a engullir las pintas que diariamente bebíamos, y claro está, en el Gravity no pudo ser menos. Abrimos una bolsa de cacahuetes fritos que acompañaron de maravilla la pinta que nos dieron.
Antes de salir de la fábrica-museo, visitamos la tienda de recuerdos –todo más caro que en cualquier otra- y salimos con el convencimiento de que había sido una visita; una excursión totalmente prescindible al ser muy visual, de muchas imágenes por pantallas, mucho rollete al fin y al cabo. Y así se lo decimos a nuestros lectores, pues echamos en falta observar el proceso de elaboración in situ, ver cómo se hace de primera mano, no a través de fotos antiguas e imágenes.
En el Gravity Cheers
    
Y seguía lloviendo.

Se nos había hecho tarde. Eran las 3 de la tarde y todavía no habíamos comido. Un poco a la aventura, Vicente propuso entrar en el  The Stag's Head,  en el 1 de Dame Court -paralela a Dame Street-, situado en una calle que habíamos estado por la mañana.

En el Stag's
Y allí fuimos. Resultó ser un Pub Victoriano forrado de madera tallada, artesonados y esculturas, fundado nada más y nada menos que en 1870.  Unas pintas y un fish & chips delicioso, nos mantuvo un par de horas descansando, planificando nuestras próximas paradas y recordando a unos de nuestros compañeros de viaje que esta vez no pudieron venir: Ángel y Susi. Un café en un bar cercano nos dio la salida para la jornada vespertina que nos llevaría, nuevamente callejeando con mapas y guías en mano, hasta la Catedral de San Patricio, que por cierto, la encontramos cerrada.
Fish & chips
  
Unas fotitos de rigor y ascendimos por St. Patrick St y Nicholas St hasta la Chirst Church Cathedral, que ya habíamos contemplado por la mañana, y que también se encontraba cerrada. Estábamos cansados de tanto caminar. Un rápido descanso en el hotel, y nos tomamos unas porciones de pizza en plena calle, terminando la jornada en el Pub O'Sheas, junto a nuestro hotel.
Terminando la noche en el O'Sheas

Como muchos de ellos también contaba con música celta en director. Esta vez tocaba un dúo que hizo las delicias de los allí congregados, al tiempo que pintas de cerveza corrían por doquier. El ambiente en estos lugares de reunión y visión de partidos de cualquier deporte, es extraordinario. La atmósfera limpia que se respira –está prohibido fumar en todos los espacios públicos cerrados-, de luces tenues, en un espacio de más de 100 años, con el sonido del violín y la guitarra a lo lejos, y con la compañía de buenos amigos,  te hace sentirte satisfecho y olvidarte por unos instantes del stress, del trabajo y de la rutina diaria en tu ciudad. Sin lugar a dudas, estos viajes se han convertido en una verdadera vía de escape en los que todos cargamos las pilas,  descansamos la mente, que no el cuerpo, y cómo no, visitamos y conocemos un nuevo país.

Con no sé cuántas pintas a nuestras espaldas –o en nuestros estómagos-, nos fuimos a dormir. Mañana nos esperaba la excursión a Howth. Una visita que nunca olvidaremos.

 
DÍA 3. Sábado 10 de octubre

 
Esta mañana no nos equivocamos y nos levantamos a la hora prevista. Full Irish Breakfast para todos y a la street.
Sabía que frente al pub O’Sheas había una WebCam, por lo que nada más salir del Maple, nos pusimos frente a la cámara y llamamos a mi hermano Javi y al de Antonelo, David. Enseguida nos vieron, aunque las imágenes iban con una cadencia de  3 ó 4 segundos, fueron unos minutos simpáticos, en los que nuestros familiares nos veían a la vez que hablaban a más de 5000 kilómetros.
Amaneció nublado, pero no llovía. Cruzamos el río y fuimos a la estación del tren de cercanías -DART- en Tara St, donde compramos un billete de ida y vuelta al cercano pueblo de pescadores de Howth. El Dart nos dejaría a la entrada del pueblo en 20 minutos.  Nada más bajar del tren, el penetrante aroma a mar nos informaba que estábamos junto al puerto. No había mucha gente, acaso un colegio de niños italianos y pocos turistas más.
 
Panorámicas del pueblo de Howth

Recorrimos el espigón hasta el faro, hicimos un sinfín de fotos y simplemente, nos relajamos. Hoy no debería ser el día como el de ayer, que aunque sin prisas, nos pasamos el día caminando. El paisaje era completamente verde, y la mezcla de olores a lluvia, mar y tierra mojada, nos embriagada.


Entramos en el pueblo por un cuesta, que dejamos para ascender por un sendero a los restos de una fortificación normanda situada en una atalaya, que proporcionaba unas vistas espectaculares. Pisando el verde césped y los tréboles, convertidos en símbolo del país, a nuestra izquierda quedaba la antigua Abadía hoy en ruinas; delante el puerto pesquero y deportivo, y a la derecha verdes prados que lindaban con la agreste costa. Continuamos hasta llegar a la pequeña y bien conservada Iglesia del pueblo, y al bajar entramos en un PUB a descansar un rato y tomarnos nuestra enésima Guinness, esta vez con almendritas marcona.

HOWTH
Al haber visto ya el pueblo y el puerto, nos planteamos comer en ese mismo Pub. Tras la cerveza de rigor en la barra nos sentamos, pero una decisión de última hora nos hizo levantarnos de la mesa y marcharnos a otro Pub. Al ser el 40 cumpleaños de Vicente, tuvo a bien invitarnos a una bandeja de ostras (maridada con Guinness), pero al no disponer ese Pub de tan preciado molusco, optamos por ir a otro. Pasamos otra vez por el puerto pesquero, y cuál fue nuestra sorpresa al contemplar focas entre los barcos, arrimándose a los muelles, como si estuvieran esperando que les echáramos comida. Fotos, un poco de vídeo, visita a un par de pescaderías, y tras un intento fallido por tomar las ostras en una pescadería-restaurante, entramos por fin en el que sin duda se convertiría en nuestra mejor experiencia dublinesa:  el Pub del The Bloody Stream
Pub The Bloody Stream o  "el flujo de sangre"
Al entrar habíamos retrocedido 200 años en el tiempo. Esperamos turno junto a la barra, en una alta mesa de madera con una botella de whiskey con una vela en el centro, haciendo de improvisada lámpara. Paredes y suelo de piedra, antiquísimos armarios repletos de objetos marinos y antigüedades, mobiliario centenario de madera, luz tenue, velas, ambiente cálido, acogedor. Afuera nublado, con frío, bucólico, muy tranquilo. Sólo faltaba que hubiera entrado el Capitán Ahab antes de partir en busca de Moby Dick. Pedimos salmón, fish&chips y unas gambitas rebozadas (siempre en platos abundantes y generosos) regado, cómo no, en más pintas, y la verdad, quedamos plenamente satisfechos. Lugar claramente recomendable. A los postres (creo recordar, algo de helado y tarta), hicimos una verdadera sobremesa española, contándonos anécdotas e historietas de viaje que siempre suelen salir a colación en esos instantes, llegando el summun de la tertulia, al relato del uso de la Almazara del pueblo de Rosa por parte de algunos colectivos ciudadanos. Todavía seguiríamos allí si no es porque el tiempo corre.
Sin duda, de volver a Dublín, iría nuevamente al mismo Pub.
Esperando mesa con una Guinness
De vueltas en la capital irlandesa, caímos en la cuenta que esa tarde jugaban las selecciones de fútbol de Italia e Irlanda, y eso son palabras mayores. Oleadas de personas ataviadas con la camiseta verde de la selección, con gorras y bufandas, acompañados de hijos, amigos y peñas, acudían, no sólo al próximo estadio de Croke Park, sino a los pubs que retransmitirían en directo el esperado duelo. Entre miles de personas, paseamos por el Temple Bar, cruzamos el río y visitamos la parte norte, una zona comercial de calles peatonales. Entramos por las calles Henry, Mary, Lower Liffey St, visitamos algunos grandes almacenes, como el Penny’s, en supermercados, e hicimos un alto en el camino para tomarnos un café irlandés (café, nata fría y whiskey).


Río Liffey
Recomiendo al viajero, siempre una visita a un mercado o supermercado del lugar, para visionar en primera persona de qué viven los ciudadanos de esa ciudad, qué comen, cómo se visten, qué leen, qué compran. En resumidas cuentas, es una divertida y sencilla manera de tomarle el pulso a un país.
Descansamos un rato en el Hotel, previa pinta en el O’Sheas, y a las 20.30 quedamos en el hall para cenar en el Temple Bar. Como nos gustó el Gogarty, allí acudimos, sin embargo, no había mesa; teníamos que esperar. Era sábado y, como en España, los bares y restaurantes están a rebosar. Nos acomodaron finalmente en una sala bastante lujosa, que en nada se parecía al lugar donde cenamos el jueves. Nos dieron las cartas, y ¡sorpresa!: los precios, aún siendo el mismo Pub-restaurante, se habían duplicado. Sobretodo quien suscribe, cogió un mosqueo genial –bien aprovechado por algunos comensales para echarse unas risas-, llegando incluso a plantearse marcharse a otro local. Al final, una Cold Pint of Guinness, y las bromas generalizadas quitando importancia al asunto, me hizo replantearme la situación.
En el pub que cenamos, el Gogarty
En el Temple Bar
Cenamos guisos –stew- a la cerveza Guinness, de cordero, salchichas, etc. La cocina irlandesa no paraba de sorprendernos, no sólo por la calidad, sino también por la cantidad. Al salir, el Temple Bar estaba a reventar. No cabía ni un alfiler. Riadas humanas caminaban en busca del mejor Pub, la mejor música en directo. Decidimos alejarnos de las principales calles y llegar hasta el extremo sur del barrio, en Dame St, y entrar en el primer Pub que nos causara buena impresión. Este era, como casi todos, enorme. La fachada de madera negra tallada, con tres salas, con mobiliario oscuro y antiguo, con un alto techo artesonado en un extremo; vamos, el típico pub irlandés que difiere de los españoles, en que no hay una recargada decoración, ni un excesivo adrezzo.
Un par de pintas más nos llevaron de vueltas al hotel a descansar. Habíamos vivido una jornada estupenda, no tan cansada como la del jueves. Y todavía nos quedaría el domingo por la mañana.
 
DÍA 4. Domingo 11 de octubre

Desayunamos como siempre. Hacemos las maletas y las depositamos en una consigna gratuita que nos proporciona el Hotel. A las 13:40 salía el vuelo de regreso a Alicante, por lo que dispondríamos de tiempo hasta las 12 para patearnos por última vez Dublín. No serían más de las 9.30, cuando decidimos aprovechar la mañana y visitar alguna de las dos catedrales. La Church estaba cerrada al turista, había misa.


Catedral de San Patricio
Entramos en el jardín, más fotos, otro poquito de vídeo y rumbo a St. Patrick al son de un característico tañido de campanas. Previo pago de 5.50€ cada uno, nos vimos inmersos en una atmósfera medieval, con el añadido de una coral ensañando motetes y cánticos religiosos. Había mucho que ver: bustos, grandes estatuas de santos e ilustres dublineses, lápidas conmemorativas de soldados muertos en combate, banderas y pendones de más de 200 años, las sillas del coro coronadas por yelmos y espadas. El ambiente era casi lúgubre, pero reconfortable.

O'Conoll Street y al fondo el Spire
A la salida nos dirigimos sin dilación por las calles desiertas del Temple Bar hasta el hotel. En recepción nos llamaron una Big-Van -un taxi para 6 personas-, que nos recogería a las 12 para llevarnos al aeropuerto de Dublín.

En el Temple Bar por la mañana y totalmente desierto
El check-in lo hicimos de inmediato, pero tuvimos que sufrir media hora de cola para pasar el control de seguridad.
Una de las conclusiones sacadas de este viaje, ha sido sin lugar a dudas, junto a los cacahuetes y almendras que nos llevamos de Alicante, el tema de las maletas. Nosotros facturamos dos grandes para evitar sobrepasar los 15kg que admite Ryanair, pero al final nos sobró la mitad del peso y espacio, de manera que la mejor configuración, a nuestro juicio, para un viaje de unos 4 ó 5 días y dos personas sería: facturar una sola maleta (máx. 15kg),  llevar otra tipo troley como equipaje de mano (55x40x20), que no se facturaría, y una mochila adicional por si acaso.
Un sanwich comprado en un súper de Dublín, nos sirvió de comida en el aeropuerto a unos, y en el mismo avión a otros, que despegó a las 14 horas, llegando a Alicante a las 16:15 hora irlandesa, unahora  más en España.

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The girls with Moly Malone
   
     Fin del viaje, y a esperar el próximo.